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Voy a narrar un hecho que para mí demuestra la veracidad del método científico de Wallace Wattles. No lo descubrí cuando ocurrió, sino hasta hace un par de días. Pero es muy contundente.

Esto ocurrió en el transcurso de los últimos veinte días. Por razones que no vienen al caso explicar aquí, necesitaba mudarme de la suite donde vivía en Mexico DF. Es un buen lugar  pero estaba pagando 7 mil pesos mexicanos mensuales, lo cual es bastante, y mi presupuesto se estaba encogiendo.

Comencé a buscar apartamentos amueblados.  A poco de andar constaté que en la zona en la que yo buscaba, los apartamentos amueblados en esa zona estaban en el orden de 6 mil a 10 pesos, con lo cual no entraban en mi nuevo presupuesto. Entonces decidí buscar apartamentos sin amueblar con la esperanza de entrar en el orden de 4 a 6 mil de renta, y con la idea de que luego vería como hacia para conseguir los muebles. Y empecé a pensar en mudarme a una zona más barata, aunque tuviera que lidiar con el transporte y la inseguridad de zonas más pobres.

En este trajín, un día recuerdo haberme planteado, como al pasar, cual sería mi situación ideal. Era esta: conseguir un  apartamento amueblado en la zona en la que vivo por 3 mil pesos, de esa forma yo lograría encajar cómodamente en mi nuevo presupuesto y no salirme de la zona donde encuentro a mis amigos, encuentro seguridad y un buen entorno. A cualquier persona que le hubiera planteado esto me hubiera tratado de soñador, puesto que es materialmente imposible conseguir lo que yo buscaba.

Antes de continuar debo decir que la idea de mi “apartamento soñado” no fue fijada mediante un proceso mental, ni siquiera me concentré demasiado en ella. Fue simplemente un deseo, en el cual ni siquiera me detuve mucho tiempo ya que si me detenía a pensarlo hubiera concluido que no era realizable.

Al día siguiente me reuní con mis amigos en un bar, y P. me preguntó, por que alguien le había comentado, si yo estaba buscando apartamento. Ante mi respuesta afirmativa, me dijo que el tenía un cuarto en su casa y que quería rentarlo, ya que iba a ausentarse un par de meses a San Francisco y no quería dejar la casa sola. Me costaría 4 mil pesos.

Para mí fue como tocar el cielo con las manos. Si bien no es en la zona donde vivo y quiero seguir viviendo, es una solucion muy apropiada para mis necesidades. Inmediatamente le dije que sí y comenzamos a ajustar los detalles.

Al día siguiente, y muy contento, me dediqué a preparar un viaje que debía hacer, no sin antes comentar con mi familia y mis amigos que a partir del siguiente mes viviría en casa de P. Todo estaba funcionando a pedir de boca, de mi boca.

Cuando llegó el momento de emprender mi viaje, y estando en el aeropuerto del DF, me encontré casualmente con mi amigo J. que emprendía simultáneamente el regreso a Austria, país donde vive. Fuimos a tomar una copa al bar del aeropuerto, en tren de despedida ya que no lo veremos en los próximos seis meses. Estando ahí, me comentó que se había enterado por unos amigos comunes que yo me iba a vivir a casa de P. en los próximos días. Y que le daba mucha pena no haber sabido antes, ya que el tenía un apartamento amueblado vacío muy cerca de donde vivo y que quería rentarlo antes de partir.

Para mi sorpresa, sus pretensiones de alquiler eran bajísimas, solo 3 mil pesos con todos los gastos incluidos. Inmediatamente decidí cambiar mis planes, y comunicarme con P. para deshacer mi trato anterior, cosa que hice sin mayor esfuerzo, ya que P. fue muy comprensivo conmigo y lo aceptó muy cortesmente.

Asi fue como obtuve lo que había deseado, sin mayor esfuerzo, solamente con la idea en mi corazón de qué era lo que yo quería, lo que necesitaba, donde y con qué características. Un triunfo de Mr. Wattles.