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Conversando por email con mi amigo A, he llegado a la conclusión de que no se puede entrar en el proceso de Wattles sin tener una actitud agradecida y generosa.

Parecen dos cosas distintas pero no lo son. Ser agradecido es reconocer todo lo que se nos da, y lo que se nos dio aun cuando no teníamos edad ni para merecerlo, o no habíamos hecho nada aún para que alguien nos bendiga con sus premios. Pero resulta que de ahí nace justamente la generosidad, por que si agradecemos es porque hemos recibido más alla de nuestro mérito, y si nos han dado en demasía debemos devolverlo al mismo mundo y a la misma naturaleza de donde vienen los dones.

O sea no puede existir la gratitud hacia Dios o hacia la naturaleza, según como lo crea cada uno, sin que al mismo tiempo tengamos una actitud generosa hacia lo que nos rodea.

En el proceso de seguir las enseñanzas de Wattles, debemos seguramente agrandar nuestra gratitud y por ende nuestra generosidad. No es fácil. Vivimos en un mundo donde cada uno tiene que cuidar su espacio sino el vecino se lo apodera, donde la competitividad, el afan por dar tranquilidad a nuestra familia, la necesidad de encontrarnos entre los “ganadores” son tan fuertes que nos van forjando una personalidad mezquina, calculadora y mercantilista: doy solo si obtengo más a cambio.

Agrandar la gratitud es un proceso mental. Lo mismo ocurre con agrandar la generosidad que naturalmente habita en nuestra alma pero que años de competencia en la selva nos han hecho ir achicando cada vez más.

De eso tratarán los próximos posts para ir avanzando en el proceso.

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