Etiquetas

, ,


Una de las aseveraciones que más me llamó la atención del libro de Wallace Wattles es la referida al poder del pensamiento. Wattles dedica mucho tiempo, en un libro muy corto, a esto. Pero lo hace partiendo desde un punto diferente a los que yo había leído.

Para los humanos comunes, de la calle, el pensamiento es como la respiración. Lo hacemos de una forma natural, mecánica, para ocuparnos de todas aquellas cosas que se salen apenas un poco de la costumbre de todos los días, y apenas en la medida justa para resolver nuestras cosas cotidianas. Pensamos si hoy vamos a trabajar en taxi o en metro, miramos la hora, hacemos una cuenta mental, y decidimos. Ese pensamiento terminó ahi. Luego pensamos para recordar, en el taxi, que olvidamos llamar a un cliente ayer, y ensayamos mentalmente la respuesta que le daremos a nuestro jefe cuando nos pregunte por que no lo hicimos, con la peor cara que tiene. Ahí terminó otro pensamiento. Y así usamos todo el día el cerebro para apenas lo estrictamente necesario. Ni una neurona más.

Pero resulta que el pensamiento no es otra cosa que la creación pura y simple. Es el equivalente a Dios en su forma más milagrosa. Todo lo que ha hecho alguna vez el ser humano con sus manos ha existido antes en su pensamiento. O en el de otro o a través de varias personas al mismo tiempo. Sin embargo, no nos percatamos de esta verdad que nos emparenta a Dios de forma cercana. Este milagro que ocurre todos los días en la mente humana nos es tan natural y cercano que no lo vemos. Desperdiciamos una y otra vez, todos los días, la oportunidad de crear, de poner en el mundo un pensamiento nuevo, brillante, enriquecedor. Desperdiciamos la más grande belleza de Dios.

Pienso en un Ingeniero que trabaja en el departamento de diseño de una compañía grande e innovadora como Toyota por ejemplo. No conozco los detalles de su trabajo, pero supongo que en determinado momento del año su gerente de desarrollo vendrá y le dirá que es tiempo de sacar el nuevo modelo de convertible. El Ingeniero comenzará a pensar en un nuevo diseño. Mirará la línea de los últimos modelos, mirará la competencia y tendrá la misma sensación que cada año para esta época: el nuevo modelo debe ser diferente a todos, innovador, elegante, suave, veloz, deberá tener charme, distinción, clase. Algo que nunca se haya visto. Algo completamente nuevo, que no exista ni siquiera en la imaginación de los usuarios. Pondrá su pensamiento a trabajar.

Antes de comenzar con los bocetos más elementales, deberá fijar su mente en lo que quiere, imaginarlo vívidamente, tocarlo, tener la sensación en sus dedos de como se sentirá cada forma, cada moldura, cada accesorio. Deberá escuchar como sonará su motor. Imaginará a una mujer rubia, bonita y vestida sugerentemente, con su cabello al viento, a bordo del convertible por una montaña de Italia, o por una playa de Florida. Luego comenzará a dibujar, a diseñar, a plasmar.

Meses después, su pensamiento saldrá a prueba en una pista. Será rojo, brillante, veloz y pretencioso. Se podrá tocar. Y tendrá una mujer rubia al volante.

Si este Ingeniero no se parece al Dios que alguna vez creó el universo (o mejor, lo sigue creando todos los días) entonces no encontraré nunca la explicación de por qué el Universo es bello.

Anuncios