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Una de las cosas asombrosas que descubrí en el libro de Wallace Wattles fue su profunda religiosidad a la luz de la visión de alguien como yo, de origen cristiano y católico. Inclusive esta afirmación abarcaría a cualquier persona que profese una religión monoteísta.

Me refiero puntualmente a la visión que Wattles tiene de Dios como la sustancia infinitamente inteligente que abraza todas las cosas y es origen y a la vez gestación constante de todas las cosas. Wattles, en su mentalidad propia de inicios del siglo 20, no le llama Dios sino la sustancia amorfa o la sustancia inteligente. Recordemos que su época es dominada por un cientificismo todopoderoso, que tenía como mandato justificar todas las cosas desde un punto de vista científico o para-científico.

Es la época de aparición de las grandes teorías científicas tanto en física, en química, en astronomía, casi todas posteriormente cuestionadas y aceptadas parcialmente hoy en día. El hecho de que reemplace a Dios por una sustancia, dándole un carácter más físico o químico, a mi no me preocupa. Al fin y al cabo, quién dice sino nuestra imagen mental antropomorfa, que Dios tiene que tener la imagen de un ser, de una persona.

Es inclusive para mí mas sencillo imaginarlo como una sustancia que impregna todo, que está en todos lados, que todo lo ve, que todo lo conoce, que todo lo percibe y lo sabe. Por estos motivos, la Ciencia de Volverse Rico de Wallace Wattles no colisiona en modo alguno con ninguna de las religiones monoteístas de la actualidad.

No puede ofender la sensibilidad religiosa de nadie, sino que es más abarcadora, más científica y al mismo tiempo más religiosamente profunda que ninguna de las ciencias pretendidamente abarcadoras del Universo real que conocemos.

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