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Para una persona viviendo en un país periférico, volverse rico puede ser algo que despierte un sentimiento de culpa. Vivimos tan bombardeados por malas noticias que brotan a cada momento a nuestro alrededor, que ganar dinero en cantidades importantes mientras la pobreza, la miseria y el abandono social crecen a nuestro lado, genera un sentimiento de culpa salvo que usted no tenga corazón o sensibilidad. Ver niños sufriendo hambre mientras usted se enriquece desmedidamente es contrario a nuestra sensibilidad. Y los medios de información pública se solazan mostrando la imagen más triste posible de la realidad.

Pero como bien lo muestra Wallace Delois Wattles ese sentimiento y su mente fija en esa realidad es lo que más conspira contra la generación de la riqueza. La mente se deja llevar por los pensamientos de pobreza, de miseria, y va impregnando la sustancia con imágenes de lo malo y triste. Al mismo tiempo, nuestra mente se recuesta sobre su lado competitivo, no creativo, al imaginarse a uno mismo dándose por satisfecho con lograr solo un poco más que lo necesario, cuando en realidad eso no hace sino limitar sus posibilidades de obtener lo que requiere.

Perdemos de vista la creación en sí como fuente de riquezas. Podría decirse muchas cosas para argumentar en contra de estos sentimientos y prácticas. Pero creo que al verlas escritas se nota lo improductivo y desalentador de estos pensamientos.

Solamente mostraré como lo llevo yo, en mi caso. Pienso que mi solidaridad con la pobreza, más alla de tranquilizar mis pensamientos, no hará nada productivo por mi ni por el resto de la humanidad. Colaboro con las obras de caridad cuando tengo una buena oportunidad y cuando siento un verdadero sentimiento o necesidad de ayudar, pero olvido rápidamente el sufrimiento y las imágenes de pobreza y decepción.

Prefiero pensar en términos de la riqueza que nos rodea y de la cual debemos ser poseedores. Nunca recuerdo mis comienzos humildes, ya que ese pensamiento solamente hará que esos momentos intenten volver. Y si no puedo olvidar el rostro de un niño pobre, lo recuerdo sonriendo y jugando. Evito ver imágenes de desastres naturales, de guerra y destrucción. Aún luchando contra un sentimiento de morbo que es fácil que nos pesque desprevenidos.

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