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Una de las enseñanzas más claras de Wallace Wattles es que uno siempre tiene que dar más, en valor de uso dice el, que lo que recibe de los demás. A pesar de una traducción bastante pobre, podemos interpretar que lo que nos está diciendo es que tenemos que brindar algo que sea más útil o que tenga más beneficios que lo que estrictamente nos están dando a cambio.

Si estamos en el comercio, pro ejemplo, y vendemos alguna cosa o prestamos algún servicio, lo que nosotros demos tiene que superar lo estrictamente necesario por el precio que nos pagan. Como nota al margen, esto me hace acordar una canción que decia “no cuento el vuelto, siempre es demás”. Tiene que haber algo más para que nuestro comercio prospere. No debemos limitarnos a lo estrictamente necesario.

Las mentalidades mercantilistas y estrechas podrán decir que esto es perder y que perdiendo ningún negocio prospera. Si uno tiene la habitual cortedad de miras pensará que esto es realmente así. Pero basta con observar la realidad a nuestro alrededor para darse cuenta de que la verdad es todo lo contrario.

En mi ciudad hay muchas panaderías, o fabricas de pan. Pero hay solo una que tiene una calidad extraordinaria, las otras todas fabrican lo mismo y cobran lo mismo. Y todas hace años que están iguales. Pero la que descolla progresa cada día desde hace treinta años. Tiene cinco veces más clientes que las otras, a pesar de cobrar el pan más caro. Se ha ampliado varias veces, tiene otros negocios anexos como una cafetaría, y sus dueños no paran de enriquecerse. Un dia le pregunté al dueño, un español llegado hace cuarenta años, cual era su secreto para hacer un pan tan rico. Su respuesta fue parca: “hay que poner atención” me dijo.

No dudo que hace lo mismo con los mismos materiales y la misma gente que su competencia. Al fin y al cabo fabricar pan no tiene grandes secretos. Pero el le dedica una gran atención a lo que hace. Podrá parecer poco, pero eso está marcando la diferencia. Los mas pensados me dirán que no quiso contarme el secreto. Yo creo que no hay tal secreto. Simplemente pone cuidado extremo en lo que hace, y eso es recibido por los que consumen su pan, de alguna forma eso es percibido en el gusto, o en la consistencia, o en el aspecto, o en todo eso al mismo tiempo. Es una forma de ponerle amor.

Es dar más, siempre un poquito más aunque sea. Un toque, un elemento que sea algo nuestro, que denote nuestro amor, nuestra intención. Eso marca la diferencia.

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