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A veces me preguntaba, antes de conocer a Wattles, como podía ser posible que gente muy poco preparada, con poca o ninguna instrucción, sin grandes aptitudes naturales para nada y con códigos morales pobres o poco firmes, podía haber accedido a una riqueza enorme y en muy poco tiempo. Me parecía una burla para muchas personas que trabajan honradamente toda la vida, dan lo mejor de sí, son muy brillantes en lo que hacen y mueren en la pobreza.

Esta idea es central en los conceptos referidos a la ciencia de hacerse rico: uno debe actuar, trabajar, ejecutar, hacer, construir, o lo que quiera que haga para vivir, y hacerlo en la mejor forma posible para las habilidades y poderes que uno tiene. La riqueza no vendrá sola ni se generará sola a partir de la nada y frente a nuestros ojos asombrados. La riqueza vendrá con el trabajo, incluso con el trabajo duro, que sepamos hacer en forma cercana a la perfección o a lo mejor de nosotros mismos.

Y obviamente caí en la cuenta de que la sensación de “injusticia” que yo sentía al ver la riqueza rápida y no merecida, es una prueba más de la verdad de la Ciencia de Hacerse Rico. A tal punto es una ciencia, que cualquiera que la conozca puede obtener los mismos resultados de ella, sin importar de donde viene, su calidad moral o sus verdaderas intenciones finales. Inclusive la aplican aquellos que no la conocen, de la misma manera que yo se que me caeré si intento caminar por el costado del muro aunque no conozca la Ley de la Gravedad. Es decir, las leyes actúan prescindiendo de que sepamos que existen, si no este universo nunca hubiera existido.

Es por eso que comprendí que, más que merecer la riqueza uno debe poner en práctica estos principios básicos y mover esta fuerza que existe en el universo a su favor. No importa lo que seamos o lo que merezcamos, solo importa que hagamos las cosas bien y sigamos las enseñanzas de Wallace Wattles. Lo demás vendrá solo.