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Una de las cosas que siempre me han llamado la atención de nuestra cultura, y de otras varias más, es la “bipolaridad” del ser humano y de su naturaleza. Todo es bipolar. Todo es doble, en todo hay un contraste entre dos cosas.

El ser humano es hombre o mujer, el dia y la noche, el sol y la luna, el bien y el mal o los buenos y los malos, dios y el diablo, la belleza y la fealdad,  el cielo y el infierno, blanco y negro, el yin y el yan, la razon y el sentimiento, el orden y el desorden, la riqueza y la pobreza, la religión y la ciencia. Y así podríamos seguir hasta el infinito. Nos sentimos cómodos cuando a cada cosa le vemos un opuesto, existente o posible, y si no lo vemos lo inventamos justamente para sentirnos cómodos. Acostumbramos a definir todo por su opuesto, por lo que no es, y asi abonamos constantemente nuestra existencia dualizada.

Pero el hecho de que la naturaleza haya hecho hembra y macho por la facilidad para reproducirnos, o que el dia y la noche se sucedan para mantener el ecosistema funcionando adecuadamente, no significan que todo en nuestra vida tenga que ser dual, ni que las cosas existan solo para justificar su antónimo.

Desde que descubrí que utilizando métodos matemáticos muy simples se puede pasar desde el orden al caos, entendí que hay cosas que se manifiestan de forma dual pero son únicas. La fórmula que permite “generar” caos, en otro momento genera un orden asombrosamente bello. Y eso me significó algo.

Estamos acostumbrados a pensar a la pobreza como el contrario a la riqueza, pero la pobreza no existe como un bien. Sin embargo la riqueza sí. Uno no puede poseer pobreza, pero sí puede poseer riqueza. Tampoco se define por la inexistencia, ya que la pobreza no es la inexistencia de riqueza. Es otra cosa, en relidad es un estado. Mientras que la riqueza es un objeto o muchos objetos, plausibles y contabilizables.

Y como si esto fuera poco, aparecen eruditos científicos de la economía que nos pretenden demostrar que la pobreza DEBE existir para que exista la riqueza. Que no podríamos ser todos ricos por que una ley de la naturaleza lo prohíbe. (dicho sea de paso, un período de expansion de la economia mundial como el del 2006 demuestra empíricamente lo contrario) 

Y cuando descubrí la Ciencia de Wattles, la hermosa composición científica de la riqueza, completé el círculo. Ya no hay dios y demonio, sino un solo dios que quiere nuestra riqueza y nuestro desarrollo total, absoluto, armonioso y poderoso. No existe un diablo que nos condena a la pobreza, al desamparo o a ver niños con hambre en el mundo. Sino un dios generoso que obedece nuestro designio, nuestro deseo, y lo llena como le ordenamos.

Esa “unificación” del Universo que nos enseña la ciencia de Wattles, me hizo pensar mucho en una naturaleza no bipolar, sino orientada a un solo designio: la felicidad humana, la felicidad del creador. Al mismo tiempo, también desaparece la dualidad mente corazón, o mente sentimientos, ya que solamente podemos crear cuando la imaginacion de la mente se acopla íntimamente al sentimiento de fe y agradecimiento del alma humana. Ahí somos el poder de la naturaleza hecho ser creador, y todo lo imaginado obedece a nuestro designio.

Me pregunto que pasaría si en nuestra educación y en nuestra cultura toda dejáramos de usar esa bipolaridad. O en todo caso, miráramos detenidamente cuando ella es necesaria y cuando es un artilugio cultural que deforma, manipula o confunde nuestra naturaleza. Quizás seríamos más sabios y veríamos mucho más clara nuestra existencia.