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Mucho se ha dicho sobre los problemas que han desvelado a los hombres desde que existe registro escrito de sus pensamientos. La vida y la muerte, la existencia de dios, los límites del universo son quizas los mas recurrentes. Pero el que definitivamente mas tinta y pensamientos se ha consumido es el del futuro en todas sus formas.

Adivinar el futuro o la existencia del futuro como presente al que vamos a llegar son dos aspectos que siempre nos han preocupado a la raza humana. El futuro y su conocimiento previo aparecen siempre en la mente de los hombes como algo que los volvería milagrosos, inmensamente ricos y poderosos. Es obvio, aquel que pueda adivinar el futuro tendría enorme poder sobre los demás, inclusive aunque no pudiera adivinar el propio. Tendría a los demás en sus manos y podría generar una fortuna infinita con ello.

Además está la cuestión de la seguridad. Si algo nos hace débiles o dubitativos, es el absoluto desconocimiento de lo que vendrá. Ahí somos todos iguales, los ricos y los pobres, los poderosos y los sometidos. Nadie sabe si mañana despertará. Y cómo. Entonces adivinar el futuro sería un elemento que nos daría infinita seguridad sobre nosotros mismos, y sobre los demás.

Pero la mala noticia es que es imposible adivinar lo que vendrá. Los chamanes o brujos o magos sencillamente no pueden hacerlo. Por que el futuro no está construido, es un lugar que no existe. Sin embargo, en lo personal, algunas veces parecen haberlo logrado, al menos esa es mi experiencia.

Y como lo hacen? Sencillamente leen nuestra mente, ven las proyecciones que emitimos a la sustancia como deseos, y suponen que lo lograremos. Entonces, fue así que un día fui a ver a una de estas personas, que frecuento por ser amiga de la familia, no por sus cualidades videntes. En esos días yo estaba sin trabajo, y tenía una posibilidad de entrar en una gran empresa, cosa que añoraba y pedia dia y noche. Al verme, simplemente me dijo, para asombro de los presentes, “vas a lograr entrar en esa empresa”. Todos murmuraron asombrados, ya que fue una verdadera y absoluta predicción. Finalmente lo logré.

La señora no había hecho otra cosa que ver las imágenes que mi mente proyectaba cada día, con fuerza y con deseo irrefrenable. Y al ver la fuerza de mi convicción, no dudó en “adivinar” que yo lo lograría. No adivinamos el futuro, lo construimos.