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Quitar el miedo de nuestras vidas, ya lo hemos dicho en muchos posts, es la tarea ciclópea más importante que tiene un ser humano por delante si quiere vivir feliz y pleno, lleno de riquezas. Enfrentar el miedo es una tarea diaria, permanente, casi obsesiva, hasta que nuestra mente se va liberando y va disfrutando plenamente su conciencia creadora, su don de dios.

Pero nunca me he ocupado de por qué sentimos miedo. Es un sentimiento tan natural que nos parece inevitable. Y en efecto lo es. Es un sentimiento colocado dentro nuestro por la naturaleza para protegernos, para hacernos sentir el peligro allí donde quizas no lo vemos, para que nos cuidemos y nos protejamos y protejamos a los que amamos.

El miedo tiene la misma raiz que el dolor físico. El dolor es un síntoma para que reconozcamos que algo nos está pasando, que hay algo en nuestro físico que no está bien, y que tomemos las precauciones del caso. Asi, el dolor nos proteje.

Con el miedo pasa algo parecido. Nos ataca cuando estamos en una situación potencialmente peligrosa, y el hecho que sea un sentimiento que lo hace fuerte y persistente, ayuda a que nos convenzamos de la peligrosidad del lugar donde estamos. De esa manera nuestro cerebro nos da órdenes de protejernos de manera de disminuir ese sentimiento. Es un alerta, como la luz del tanque de gasolina que nos avisa que estamos fente a cierto peligro de quedarnos en el camino.

Desde esa naturaleza fisica, donde el miedo es un sentimiento positivo, inevitablemente útil, el miedo se va trepando en nuestro cerebro. He escrito mucho sobre eso, es posible repasar la multitud de escritos sobre el miedo en este blog. Pero lo que quiero destacar ahora es como, un sentimiento altamente positivo puesto por la naturaleza para nuestra protección, se convierte por la potencia de nuestro cerebro en un elemento de freno y de complicación en nuestra vida.

Siguiendo con la analogía del dolor, cuando este se transforma en algo permanente, buscado, deseado o consentido, pierde su funcion original de alerta para transformarse en una verdadera enfermedad síquica. Y no es que me oponga a los masoquistas por cuestiones morales. Es mucho mas profundo, es desvirtuar una herramienta que la naturaleza nos dio para nuestra mejor vida y convertirla en una aberración.

Volviendo al miedo, la tarea es sacarlo de la mente en aquellas cosas que hacen a nuestro futuro, a nuestra vida sentimental o espiritual, a nuestra mejor experiencia de vida. Vivir con miedos no es vivir. Y con el miedo no es posible crear la riqueza que anhelamos. Será objetada. Será cuestionada por nuestra propia mente, y nunca vendrá.

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