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En el comienzo del libro La Ciencia de Volverse Rico de Wallace Wattles se menciona la pobreza. Dice casi textualmente que uno podría decir ciertas cosas a favor de la pobreza, pero que nadie que pretenda desarrollar su vida humana en plenitud puede hacerlo en la pobreza. Es más, es todo lo contrario. Para vivir una vida plena y armoniosa es necesario ser rico.

Es un concepto casi controversial en estos tiempos, sobre todo por la existencia de modelos plenamente opuestos a esta idea, como Gandhi o Teresa de Calcuta, y con muy buena prensa. Personas que han agregado cualitativamente una gran calidad al espiritu humano, que permanecerá eternamente. Eran santos, ejemplos de una vida sacrificada y altruista. Ellos parecen decirnos, desde su ejemplo, que para que el espíritu humano se eleve y consiga llegar a los límites de la sabiduría y del conocimiento, es necesario despojarse de todo.

Por el otro lado, digamos del lado de la riqueza, lamentablemente no abundan los buenos ejemplos. Es más, creo no recordar ninguno que haya sido famoso. Desde magnates informáticos que quieren agrandar sus imperios usando tácticas reñidas con la moral o con la limpieza comercial, hasta líderes que usan sus fortunas para armar verdaderos ejércitos que siembran el terror y la muerte en todo el globo. Pasando por artistas que usan sus fortunas para comprarse una vida custodiada, encerrada, paranoica e infeliz.

Toda la prensa está contra la riqueza y la vida plena. Cuando digo toda la prensa me refiero a que al menos en la opinion pública, si tal cosa existe, el rico es sospechado de malo y cruel, con fortuna siempre de dudosa procedencia, y el pobre es supuesto como bueno y abnegado, poseedor de “belleza interior” y digno de la santidad.

Pero acaso imaginamos que el Universo, la sustancia o dios, quieren que vivamos llenos de privaciones, sufrimientos y tristeza? Yo creo que no. Yo creo que la riqueza está en el origen de las cosas, en la creación del universo, y en todo lo que vemos, para nuestra satisfacción. Por algo el Génesis comienza en el Edén, el huerto maravilloso donde todas las cosas bellas existían y donde el hombre era rico por naturaleza.

Dios no puede querer vernos sufrir, como vemos sufrir a una madre que no puede alimentar a sus hijos. Todo lo contrario, la belleza, la riqueza y el disfrute pleno de todos nuestros sentidos está en la raíz de nuestra creación, y en el motor y destino de nuestras vidas, para que la sustancia que nos creó se vuelva más plena, más grande y más feliz. De otro modo, el paso por este mundo no tendría mucho sentido.