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Se me ocurrió otra forma de explicar las ideas de Wattles luego de leer repetidos posts de gente que confunde las ideas de La Ciencia de Hacerse Rico. Y no es que las confundan intencionalmente ni mucho menos, lo que pasa es que estamos metidos en una cultura con muchas palabras que tienen significados equívocos o dudosos. Muchas veces se confunden las palabras y eso confunde las ideas. Al fin y al cabo somos seres “literarios”, es decir nos guiamos por palabras que disparan imagenes en la mente, no siempre certeras.

Muchas veces veo gente que dice “tengo fe” por que deseo fervientemente algo. Algo que me pase o algo que recibir o algo. Y me puse a pensar que en cierto sentido el deseo es el más poderoso conspirador contra la fe después del miedo. El miedo es el primero, y el deseo es el segundo. Al fin y al cabo los dos sentimientos tienen en común que pueden apoderarse por completo del alma del ser humano.

Por que?

Cuando yo deseo algo, por más fervientemente que sienta ese deseo, estoy dando por sentado que es algo que está lejos de mi, y por tanto estoy poniendo en duda, en cierta manera, que ello vaya a ocurrir. Me explico: el deseo marca una distancia. La fe marca una cercanía absoluta. El desear es querer que algo ocurra. La fe es saber que va a ocurrir. Por lo tanto la fe, en cierta medida, apaga al deseo. Si yo se que algo va a ocurrir irremediablemente, mi deseo se apaga. Quizás no desaparezca, pero disminuye claramente su intensidad.

Puedo desear ver el sol en la mañana de mañana, pero lo deseo tibiamente por que se que va a ocurrir. Al menos algun dia de estos va a ocurrir. Entonces no me desespera mi deseo, está pero suave, como latente. Sin embargo, cuando hablo con la gente y pregunto por la intensidad de su fe, casi siempre me contestan con sus deseos. Deseo que pase esto o aquello, o que consiga tal cosa. Eso no es fe. Eso es deseo. Y cuanto mas el deseo ocupa el lugar de nuestro pensamiento, la fe se retira. Ya no estamos seguros sino de lo que deseamos, de ninguna manera de lo que va a ocurrirnos.

Debemos dejar surgir la fe, y apagar consecuentemente nuestros deseos para darle lugar. Asi, surgirá victoriosa y nos llevará donde realmente queremos estar. Solamente sabiendo que allí estaremos y agradeciendo por ello.