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En el nuevo testamento hay una frase que hace referencia, puesta en boca de Jesus, a El Camino, la Verdad y la Vida. Una trilogía que, más allá de las traducciones del arameo antiguo tan discutibles, simbolizan la trilogía del cristo. El camino, por que la fe es un camino, no un fin. La verdad, por que es el fin del camino, aunque permanezca oculta. Y la vida, por que no hay nada que esté fuera de la vida y dentro del universo.

Y me gustaría detenerme en la fe, que según esta interpretación es un camino. A menudo se lee erróneamente a Wallace Wattles en el sentido de que uno debe depositar la fe en el objetivo, Hacerse Rico o cualquiera sea. Y eso es lo que “parece” decirnos Wattles. Pero yo, en mi fuero profundo, creo que la fe es un camino, no un fin. Ni un fin en si mismo, dado que de nada vale tener fe si no es plasmada en objetivos, ni un fin en cuanto a lograr algo. La fe es el acento en el trayecto, la guia, la ruta que nos lleva a nuestro destino, que es el objetivo que viasualizamos.

Aquí van a disentir todos los que han leído a Wattles en La Ciencia de Hacerse Rico. Y tolero y disfruto su disenso. Pero he sabido que la fe es el camino, independientemente del fin que nos hayamos trazado, No tengo demasiados elementos para considerarlo así, pero esa es mi guía, mi ruta.

Y por qué? Por una razón muy sencilla, siempre que se pueda invocar a la razón para justificar la fe. Cuando yo veo que mi camino se establece, en aras de mi fe, y en razón de ella, ya nada hace sentido, ni siquiera mi objetivo. No lo puedo expresar de otra manera. Cuando se que mi objetivo se cumplirá, el razonamiento y la razonable duda se abren paso y solamente queda el camino. El trayecto hasta volver manifestada mi fe. Y ese trayecto es placentero, fructífero y amoroso. Es el camino de mi fe. Y la fe va marcando uno a uno los pasos que necesito para cumplir el destino que me he trazado.

Entonces, el objetivo no es más que la excusa para ejercitar mi fe. El camino se vuelve el objetivo y se alcanza la meta con la sola intención de recorrer el camino. Y todo es tan fácil que da cierta pavura. La fe ha hecho el milagro de conducirnos, sin resquemores, a donde queremos ir. A más fe. Y a más metas cumplidas.