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Mis experiencias con la Ciencia de Wattles tienen muchos aspectos. Ahora comentaré solo uno que no es el más notorio ni el que más me ha motivado, sino el primero que ocurrió, por eso lo pongo primero. Es una experiencia que demuestra cómo el ser humano puede dirigir su destino, las cosas que quiere hacer y que son las que encaminan su vida. Obviaré algunos datos para no involucrar a terceros.

En mi vida laboral soy profesional y trabajo desde hace mucho tiempo en la modalidad por contrato. Determinada empresa me contrata por determinado período para hacerme cargo de un proyecto o parte de uno. Los períodos varían de un año a un año y medio. Esta forma de trabajo me obliga a vivir un año o más en un país nuevo cada vez, lo cual hace muy interesante mi trabajo y por supuesto muy bien pagado.

Cuando conocí a Wallace Wattles me encontraba trabajando en México hacía unos meses. Me llegó de casualidad, buscando en internet algo que ya no recuerdo, cuando me topé con The Science of Getting Rich. Primero lo leí en inglés, que no es mi lengua materna, con pasión y con la sensación de haber encontrado algo diferente a todo lo conocido. Luego descubrí la versión en español, que por supuesto me atrapó mucho más.

Puedo decir que desde que encontré los escritos de Wattles mi vida cambió. Al comienzo pensé directamente en aplicar la ciencia en algo que cambiara mi vida. Y lo encontré. Unos años atrás había trabajado en otro país para una empresa local con la cual me sentí muy cómodo. La gente, los dueños de la empresa, eran personas muy agradables, con loscuales trabajé muy cómodo. Adicionalmente tenían un auténtico espíritu emprendedor, capaces de arriesgar su capital en una empresa que les entusiasmara.

Decidí que si la Ciencia de Hacerse Rico realmente funcionaba, yo podría fijar mi meta en volverme socio de ellos, y por ese camino, algún día, dejar de ser empleado y vivir de mi propia empresa.

Las dificultades eran muchas para lograr semejante meta. Yo estaba trabajando con un contrato que todavía me demandaría permanecer en México un año más. Además, ganaba muy buen dinero, también ese era un buen argumento para permanecer ahí. Por otro lado, había perdido contacto con la otra empresa desde hacía más de tres años. La empresa estaba en un país muy lejano, lo cual no me permitía acercarme a ellos o saber que planes tenían y como estaba su situación real.

Sin embargo, comencé a visualizar mi sueño, apuntado con una dosis de fe y de agradecimiento por que sabía que la sustancia todopoderosa iba a cumplir con lo que yo deseara. Reconozco que en ese tiempo fue muy duro sostener la fe. Nada había en el horizonte que me dijera que mi sueño era posible.

Hasta que milagrosamente comenzaron a ocurrir cosas, no siempre agradables. Un día, al terminar mi horario de trabajo y preparando mis cosas para marcharme al departamento donde vivía, mi jefe en México me indicó muy directamente que mi contrato se había suspendido. Los motivos eran una súbita reducción de costos de la empresa que había decidido prescindir de parte del personal, incluido yo.

Nunca me había pasado una cosa así, todos mis contratos se habían cumplido religiosamente, incluso en la mayoría de los casos los períodos se habían extendido. A la primera reacción de decepción y tristeza, ya que México me había parecido un país extraordinario para vivir, sobrevino una rápida sensación de que por algo estaba pasando eso, y comencé a dar gracias por lo que viniera. Esa alegría por estar en manos de algo mucho más sabio que yo contrastaba permanentemente con la sensación de frustración y de futuro incierto, cosa nada agradable para alguien que vivía de su trabajo al día.

Decidí permanecer en el DF todo el tiempo que pudiera, primero por que tenía cierta esperanza de que mi contrato se reactivara, y luego por que es un país de muchas oportunidades y algo más tendría que surgir para mí allí. Fueron un par de meses que pasé leyendo la Ciencia de Hacerse Rico, fortaleciendo mi fe y aprendiendo más y más de Wallace Wattles. Para los que saben lo que significa estar sin trabajo, aunque tuviera unos ahorros que me permitían vivir y mantener a mi familia, saben que es desesperante estar esperando a que suene el teléfono con alguna oportunidad de cambio. Día tras día. Pero mi fe se mantenía firme y yo sabía que estaba en el camino.

Un día al llegar a mi departamento encontré un email de uno de los dueños de aquella empresa de un país lejano que me invitaba a dirigir un proyecto y me aseguraba un sueldo mucho mejor del que había estado ganando hasta el momento. La alegría se apoderó de mi corazón de una manera incontable. Mi fe se encontró cumplida, al menos en parte, y todo lo que me había pasado encajó perfectamente como un designio superior. Inmediatamente contesté por la afirmativa sin dejar de agradecer a la sustancia, a Wattles y a todo lo que ocurría a mi alrededor.

Pero las sorpresas no se detuvieron ahí, para mi asombro. La persona que me había contactado me envió un pasaje de inmediato y volé a aquel país lejano lo antes que pude terminar de empacar. Al llegar, todo estaba dispuesto para que comenzara a trabajar de inmediato y así lo hice, lleno de fe y confianza en que la sustancia guiaba mis pasos sin el menot esfuerzo de mi parte. Pero a los pocos días de estar establecido en mi nueva tarea, un viejo amigo me telefoneó para encontrarnos, ya que se había enterado de que había regresado a la ciudad.

Para mi sorpresa, mi amigo me comentó que estaba en contacto con algunos inversores extranjeros que deseaban invertir en el país. Necesitaban uno o varios socios locales que se interesaran. Todo encajaba cada vez más perfectamente. Sin demorar un segundo (hay que hacer las cosas de la manera más perfecta posible cada día) me puse en contacto con el dueño de la empresa para la que trabajaba, aquel con el que siempre había querido asociarme. Me respondió de la forma más expedita, con absoluto interés y feliz de poder asociarse conmigo.

Mi sueño se ha hecho realidad. En este momento estamos haciendo los papeleos y trámites necesarios para ser socios en un emprendimiento que me dará más dinero de todo el que gané en mi vida hasta ahora. La sustancia ha cumplido. Wattles estaba en lo cierto.

Esta es una de las primeras experiencias que tuve con la Ciencia de Hacerse Rico de Wallace Wattles. Sin embargo, no es la más notoria ni la que más dinero me ha dado. Más adelante relataré otras más extraordinarias todavía. Espero que ésta sirva de motivación para todos aquellos que aún dudan de que la Ciencia funciona, y los impulse a creer, a confiar, y a poner en práctica lo que Wattles nos ha regalado.