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Es incesante la cantidad de gente que deja comentarios referidos al miedo y los efectos que este produce en las personas. Muchos ni siquiera llegan a darse cuenta del efecto real del miedo, pero saben sí que es el enemigo público número uno en la vida de las personas. Hasta tal punto llegó la reacción de los lectores, que me he decidido a volver a escribir sobre este tema, que ya es demasiado recurrente en este blog. Pero ninguna exageración es suficiente tratándose de esto.

Lamentablemente es imposible no tener miedos. Eso viene de la niñez, donde en mayor o menor medida todos los padres, y todas las educaciones de cualquier cultura, en mayor o menor medida infunden miedo. Es simple, el ser humano sabe en su naturaleza que el miedo es un buen protector contra los peligros del mundo, de la vida en sociedad y de los demás humanos. Entonces todos, en mayor o menor medida, hemos sido criados dentro de algunos miedos. Hemos escrito bastante de este aspecto del miedo como mecanismo de seguridad de la naturaleza, inclusive.

Y el ser humano, en su camino de la niñez a la vejez, se va despojando de los diferentes miedos. La pena es que no lo hace ANTES de llegar a viejo, cuando todavía puede usar la “ausencia de miedos” a su favor. Cuando todavía tiene la energía y las neuronas suficientes como para aprovechar esa circunstancia de perder el miedo. Lo logra cuando está a punto de partir, cuando ya nada importa por que su camino llegó al final.

Si lográramos despojarnos de todos los miedos durante nuestra etapa activa, jovial, útil, placentera, podríamos ver como todo el mundo cambia a nuestro alrededor de un golpe, en un momento.

Para hacer más contundente mi idea se me ocurrió un ejemplo que es muy trillado en muchísimos libros de formación, inclusive los textos ultra católicos. (si señor, algo tambien tienen de bueno). Cuántas veces hemos leído una frase de este estilo y significado: “vive el día de hoy como si fueras a morir esta noche”. Acaso la enorme mayoría de los lectores de este blog, gente preocupada por el destino del ser, o por la metafísica, han leído alguna vez una frase similar.

Y siempre la interpretábamos como “vive la vida plenamente, disfruta de los placeres que te da la vida, que en cualquier momento se acaba”. Esa es una interpretación que no deja lugar al futuro. Pero ahora quiero darle otra interpretación, si ustedes me permiten. Acaso sentiríamos miedo de algo si supiéramos que vamos a morir esta noche? Acaso nos preocuparían nuestros achaques, la salud de nuestros seres queridos, el futuro de nuestra cuenta bancaria? (ojo, no estoy comparando estas cosas, son solo ejemplos extremos).

Si fuéramos a morir esta noche, de qué sentiríamos miedo? De no ser felices? De no lograr lo que deseamos? De que nos deje un ser amado? Inclusive, sentiríamos temor de sentirnos fracasados por que aún no logramos ser lo que deseamos ser?

Nada nos podría infundir temor, seríamos más poderosos que el mismísimo destino, nada podría jugarnos en contra. Pregunto, no será esa la verdadera interpretación de esa frase tan conocida? Y si lo es, quién elaboró esa idea, no se refería en el fondo al miedo que siempre nos acompaña? Seguramente habrá lectores que quieran discutir esto, o dar su versión.