Etiquetas

, , , , , , , , , , , ,


Todos tenemos algo para dar. Esa es una verdad que no tiene discusión. Lo vemos todos los días, a cada paso, en todas las situaciones. Aún en aquellas que no lo parecen.

En mi trabajo conozco mucha gente, tanto personas muy capaces y muy preparadas en universidades del primer mundo, así como gente que apenas a terminado su escuela elemental y desarrolla trabajos muy simples. Conozco también personas de gran experiencia, que hace muchos años que hace su tarea, y personas que recién empiezan en un oficio, ya sea simple o complejo. Y en todas, absolutamente en todas, veo algo que tienen para dar. Algo que los demás necesitan, a cada paso, a cada momento del día.

Trabajamos en un grupo, más o menos reducido. En ese grupo, como digo, hay personas de toda formación y experiencia. Mi primer trabajo fue intentar unir al grupo, es decir darle la característica de grupo. Entenderlo como un conjunto de personas como un objetivo común, con un proyecto entre todos. Para ello lo primero que hice, obviamente, establecer la meta en común y comentarla con todos, haciéndoles ver que teníamos todos que trabajar para lo mismo.

Pero la segunda cosa que hice, fue hacerles ver a cada uno de ellos que todos tenían algo para darle a los otros. Más que concentrarme en mostrarles que cada uno era necesario, que el trabajo de cada uno era parte escencial del trabajo del grupo, mi conversación con cada uno de ellos fue demostrarles que tenían algo para darle al grupo. Eso hizo que la motivación creciera exponencialmente. O sea, más que mostrarle que cada uno era necesario por la función que cumplía, me concentré en descubrir que cosa cada uno podía aportar al grupo más alla de su trabajo.

Su trabajo es la contraparte de su sueldo, pero para que se cumpla el precepto de Wattles de “dar más de lo que se recibe”, ellos, cada uno, debía dar más de lo que recibía, es decir tenía que dar algo más que su trabajo. Haciendo su tarea simplemente forman parte de una maquinaria como un engranaje, que en el mejor de los casos funcionando perfecto pude llegar a cumplir la meta. Y nunca funcionará en forma perfecta, por supuesto. Pero dando más de lo que reciben, el mecanismo de la maquinaria funciona más aceitado y se cubren todas las deficiencias que pudiera haber en la tarea de cada uno. Así, cada uno crece y crece el grupo. Extrapolando, crece el universo, con más vida para todos.

Y qué es lo que cada uno puede dar? Comencé mencionando a todos la alegría y la buena educación. Esas dos cosas esenciales son una primera base por que transforman el lugar de trabajo en un lugar agradable, pacífico y placentero. Un buen ambiente vuelve a todos más productivos y eficaces. Además lima asperezas, genera confianza y nos hace más llevaderos los problemas que siempre, siempre, van a ocurrir.

Y luego continué con la indulgencia. La indulgencia es una virtud que no tiene prensa, pero es esencial para la comprensión entre los seres humanos. La indulgencia es pariente de la generosidad, y consiste en ser comprensivo con los errores de los demás al mismo tiempo que le damos una segunda oportunidad y no ponemos acentos demasiado fuertes en las fallas ajenas. La indulgencia permite construir relaciones entre los humanos, por que el conocimiento mutuo de los errores de cada uno genera una familiaridad y una aceptación extraordinarias.

Hay mucho más para decir, y para dar. Pero estas tres cosas que hablé con cada uno de ellos produjeron un efecto multiplicador impresionante. Cada una de las personas se dio cuenta de que tenía mucho más para dar que su mero trabajo de 8 horas en una oficina. Cada uno tomó conciencia de lo importante que era él mismo para todo el grupo, y eso unió y solidificó al grupo.

Las cosas están pasando en este mismo momento, pero puedo asegurar que ni en diez años podría haber logrado un grupo tan unido como lo logré en pocas semanas mostrando lo que cada uno tiene para dar, sin estar obligado a hacerlo. Es mágico. Hagan la prueba.