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En mi trabajo de todos los días mi especialidad es resolver problemas. Mi trabajo consiste en, teniendo un presupuesto acotado, plazos imposibles de cumplir, y exigencias de todo tipo, resolver los problemas que aparezcan para llegar a buen puerto en tiempo y forma. Y ahí aparecen problemas todos los días, y muchos.

Al principio, por inexperiencia, me desesperaba, mi corazón se volvía loco latiendo, y mis manos transpiraban. Hasta que conocí a Wallace Wattles. Eso fue un bálsamo enorme y tranquilizador que me hizo ver las cosas de otra forma.

Ahora cuando me encuentro con un problema que parece insoluble, mi primera reacción es mirar hacia adentro, hacia mi alma profunda. Tranquilizarla, ponerla quieta y calma. El alma controla al cerebro, y si tu alma o tu espíritu están nerviosos o desesperados, tu cerebro no funcionará bien. Las ideas no vendrán y la solución no aparecerá.

Una vez hecho esto, mi alma tranquila, quizás pensando en un paisaje tranquilizador, o en un futuro donde este problema esté definitivamente solucionado, el cerebro comienza a buscar soluciones descansando sobre esa tranquilidad. Todo se empareja. Todo se vuelve claro.

Ahi, en ese momento, empiezan a aparecer las soluciones mágicamente. Y quizás más de una al mismo tiempo.

Todo este proceso, día tras día, genera una adrenalina dentro de tu cuerpo que te hace sentir placer. Sobre todo si ves que las soluciones que adoptaste eran las mejores, las más inteligentes. Y eso te provoca hasta un placer físico, palpable, limpio y claro.