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Muchas veces descreemos de La Ciencia de Hacerse Rico de Wallace Wattles porque llegamos erróneamente a la

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conclusión de que no funciona. Y antes de contar mis experiencias, quiero aclarar bien esto como yo lo entiendo para que no haya deserciones que no deberían serlo. La Ciencia funciona, evidentemente, pero hay momentos en que no sabemos como hacerla funcionar realmente. Y esos momentos son muchos más, por desgracia, que aquellos en que lo logramos.En primer lugar la Ciencia funciona sin esfuerzo. Es decir, no se requiere estar pensando constantemente en ella, ni tareas de concentración o de meditación para hacer que logremos lo que deseamos. Todo es muy suave y relajado, a tal punto que a veces terminamos pensando que no fue la ciencia de Wattles quien nos logró esto o aquello por que no hicimos ningún esfuerzo. Pensamos que fue la casualidad o el destino, o que estábamos predestinados a que nos pasara. Es decir, en lugar de buscar sus causas naturales, que están explicadas en la Ciencia, nos inventamos causas inverosímiles para demostrarnos por que nos ocurren las cosas. Esto último es tan válido para las cosas buenas que nos pasan como para aquellas malas o desgraciadas.

En segundo lugar, esto funciona de manera natural, como toda ciencia que se precie. Es decir, nadie hace un esfuerzo por tirar una manzana hacia abajo, ella cae “naturalmente”. Con la misma naturalidad ocurren los efectos de la ciencia de Wallace Wattles.

Pero no estamos preparados, como dije antes, para esta naturalidad. Pensamos que debemos hacer complejos ejercicios de concentración en aquellas cosas que deseamos para que nuestra mente las traiga a nuestro poder. Nos esforzamos en averiguar cómo debemos fijar nuestra mente, y ahí cometemos el error que nos frustra y nos hace descreer.

A lo largo de mi experiencia, he llegado a la conclusión de que esta es la parte más difícil de explicar. Lo he intentado en varios posts en este sitio, inclusive usando figuras quizás extrañas para poder mostrar qué es lo que hacemos mal habitualmente. Ahora intentaré otra, una figurada.

Imaginemos que en el mundo de todos los días, en nuestro trabajo o en nuestras actividades, pensamos con la mente, con la cabeza. Digo imaginemos a pesar de que es seguro que pensamos con la mente y no con el codo o con las piernas, y que lo más probable es que la mente se encuentre en la cabeza, pero lo que quiero decir es que para la ciencia de Wattles pensemos con el corazón. No estoy diciendo de apelar a los sentimientos, sino de pensar con el medio del pecho, con todo nuestro ser, con el corazón como parte visceral de nuestro ser.

Los pensamientos concentrados en la cabeza son efímeros, fácilmente volátiles, y muy débiles. Por eso que es un esfuerzo enorme concentrarse diez minutos en una cosa. Son pensamientos livianos. Pero los pensamientos del pecho son permanentes, son deseos mezclados con sentimientos a los cuales la mente les pone un poco de entendimiento. Como cuando vemos una persona que nos desagrada profundamente, sentimos en el pecho, en el plexo y en todo nuestro cuerpo una molestia, una incomodidad. Eso es real. Y a eso la mente luego lo interpreta, pero primero se siente.

A eso es lo que Wattles se refiere con pensar de determinada forma y actuar en cierta forma. Es a eso y no a imaginar con la cabeza imaginaciones fantasiosas que nunca tendrán peso para convertirse en realidad.

Denme el beneficio de la duda y hagan la prueba. Verán que ahí la Ciencia de Wattles funciona, y funciona bien rápido.