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Luego de dar muchas vueltas borré todo lo que había escrito y me decidí a contar la experiencia sin ningún envoltorio, tal como fue que la viví y como se sucedieron los hechos. Voy a hacerlo corto, para no aburrir a nadie de los que pasan por aquí.En el año 200o mi vida había sufrido un duro golpe económico, un poco antes del que sufrieron todos los argentinos salvo una minoría privilegiada que se salvó a costa de los demás. Pero ese es otro problema. Yo estaba económicamente desahuciado, sin ahorros, sin trabajo y sin forma de mantener a mi familia. Todo el futuro se veía de un color negro profundo.

En ese momento un amigo me propuso irnos a Brasil, donde él tenía ciertas posibilidades remotas de encontrar trabajo. Y así lo hicimos. Creamos una pequeña empresa en Brasil con la cual conseguimos un solo trabajo donde perdimos bastante dinero, diría que todo el que nos quedaba. La situación era alarmante.

De esa experiencia lo único bueno que rescaté, además de la amistad de mi amigo, fue que conocí Florianópolis. Una ciudad – paraíso de la cual me enamoré perdidamente. Sus calles, su gente, su clima, sus montañas al lado del mar, su brisa, todo lo que podía ver me maravillaba. Cuando terminamos ese ciclo casi lloré al tener que dejar esa ciudad para regresar a la frialdad y humedad de Buenos Aires, y además sin dinero ni posibilidades.

Tiempo después, en el 2007, conocí a Wallace Wattles. Una cosa que tiene de interesante la ciencia de Wattles es que lo primero que haces cuando la conoces es fijar tus metas, tus sueños, tus visiones. Como todos, lo primero que hice fue repasar mi vida, mis experiencias, y definir qué era lo que realmente deseaba para mi futuro. Pero como todos también a veces estamos un poco confundidos con lo que significa la ciencia, como se maneja y como realmente fijar nuestras metas.

Deambulé por el conocimiento de la ciencia más de un año, con visiones confusas, hasta que realmente encontré las herramientas para hacerla funcionar. Fui probando y viendo que funcionaba o no. Y fui buceando dentro de mí para ver cuales eran mis reales sueños y metas, para convertirlos en visiones.

Al año siguiente decidí replantearme mis visiones de futuro y poner en práctica lo que había aprendido. Hasta ese momento cuidaba mi aprendizaje, prefería no ponerlo en práctica para no confundirme más. Pero ya había llegado al punto de dominar unas cuantas facetas de la ciencia y decidí fijar mi visión definitiva. Como no podía ser de otra forma, Florianópolis apareció en mi futuro. Estructuré todas o casi todas mis visiones alrededor de esa ciudad, de ese sitio, donde deseaba profundamente vivir.

Me soñé viviendo ahí, trabajando ahí y disfrutando esa maravilla, mi maravilla. Puse mi visión en medio de mi pecho y me dediqué a hacer las cosas de todos los días con esa visión dentro mío. Ese era mi lugar en el mundo y deseaba dar lo mejor de mí para que me fuera dado el regalo de vivir allí.

No habían pasado ni tres meses que una empresa se contactó conmigo de una forma un tanto extraña. Una persona me llamó y me dijo si yo conocía alguna empresa que pudiera desarrollar un proyecto de investigación. Dije que sí, pensando en mi empresa brasilera, al tiempo que mi interlocutor me decía que era un proyecto difícil, por que debía ser desarrollado en un lugar específico, una ciudad pequeña alejada de los grandes centros industriales. Cual? pregunté.

“Florianópolis” fue la respuesta que me dejó tieso. Como tardé en responder, el señor casi me cuelga el teléfono, con lo cual todo mi milagro se hubiera ido paradójicamente al tacho. Al reponerme, pude balbucear algo y dar pie para que me explicara los detalles.

No necesito decir que el negocio fue excelente, el pago muy bueno, mi empresa casi quebrada resurgió de sus cenizas y que estoy haciendo planes para mudarme allí apenas me saque algunas obligaciones laborales de encima.

Tres meses. Solo tres meses bastaron a la sustancia para saber que era lo que yo deseaba y traérmelo. Por eso amigos, la ciencia funciona, Wattles funciona, y nada puede detener sus deseos.

Paradójicamente este milagro (y otros más) ha hecho que debiera abandonar la actualización del blog por falta de tiempo, tengo tantas cosas que hacer con mi trabajo y mi nueva vida que me espera, que no podía dedicarle tiempo al blog más que para constestar alguna cosa aquí y allá. Perdón por haber usado la palabra milagro. En la Ciencia real no hay milagros.