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Las enseñanzas de mi dios se refiere a que debemos examinar los casos en los que hemos tenido exito y tratar de replicarlos, ver como lo visualizamos y tratar de repetir esa experiencia, yo soy mi propio maestro. Esto que parece fácil no lo es tanto.  No es fácil ser mi propio dios.En primer lugar por que lo que recordamos de la experiencia no es absolutamente todo. No recordamos exactamente lo que sentíamos en ese momento, y si lo logramos recordar, quizás no recordemos como estaba enfocada nuestra mente, en qué cosas y con qué sentimientos. Y si pudiéramos recordar todo esto, quizás no recordaríamos exactamente la fé y la voluntad o el propósito y como los ubicamos.

Es un ejercicio constante. Yo recuerdo como fue exactamente que vino a mi la última persona que desee conocer y que lo logré sin mucho esfuerzo. Y creo recordar exactamente todo. Sin embargo, intentar replicarlo o repetirlo no es tan sencillo, y me ha costado volver a hacerlo con otras personas que me interesaban igualmente. Justamente en estos días estoy intentándolo nuevamente.

Por momentos parece que son singularidades, cosas que se logran y es difícil repetir. Quizás nos traicione nuestra excesiva confianza de haberlo logrado una vez. Quizás, como el goleador que hizo mil goles y no puede hacer ni uno más, algún bloqueo opere en nuestra mente.

Pero también he tenido experiencias al revés. Pensar, imaginar, desear, visualizar, todo junto en un instante y luego, inmediatamente, ver materializado mi deseo, al instante. Y esa es una experiencia que es fácilmente repetible, aunque muchas veces escapa de nuestra voluntad. Es como un gatillo que uno lo dispara en un instante, con fé, con inspiración, y todo se encamina según nuestros deseos.

Creo que todos estos errores en el manejo de nuestros propios deseos y concreciones se deben a que no estamos suficiente tiempo ejercitándonos, explorando, controlando nuestros impulsos. Las obligaciones, las otras personas alrededor, la marcha del día, nos  distraen infaliblemente. Nos perdemos durante mucho tiempo de nosotros mismos, sin constancia, sin ejercicio, sin método. Y a veces, sin deseos verdaderos.

Excribiré más de ésto en los próximos días, por favor dejen sus comentarios si desean saber más sobre la posibilidad de construir un método. No pienso escribir sobre el  método Wattles, dado que ya lo ha hecho él, y magistralmente. Sino solamente me propongo desarrollar un método para encender la variante fugaz, y hacerlo rápido.