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Por increíble que parezca, una de las cosas más difíciles que me ha pasado en la búsqueda de cumplir mis deseos, ha sido ponerme de acuerdo conmigo mismo en qué es aquello que realmente deseo. Parece una exageración, pero es absolutamente real, y creo que si uno se examina a sí mismo un poco, descubrirá que lo que uno cree que desea que le ocurra en el futuro no es lo que uno realmente desea.

Parece un trabalenguas pero no tengo otra forma mejor de escribirlo. Ya lo he escrito antes en este blog. Muchas veces creemos que deseamos algo, incluso muy profundamente, pero en realidad nuestro subconsciente conspira en contra de eso porque en el fondo nuestro deseo es que no se produzca. Y si miramos en detalle, incluso a veces podemos detectar ese sentimiento oculto.

Me ha pasado que deseaba profundamente concretar un negocio, con todo el deseo del mundo. Pero de repente descubrí que había algo en mí que conspiraba para que yo dejara de trabajar en esa empresa. De este modo, si el negocio no se concretaba, aumentaban las posibilidades de que yo tuviera que dejar forzosamente de trabajar en la empresa. Es decir, al mismo tiempo que deseaba el éxito de ganar el negocio, mi mente conspiraba porque yo en el fondo de mi subconsciente quería dejar de trabajar para esa empresa.

El hecho de que descubramos como a veces nuestra mente trabaja en contra de nuestra conciencia, tampoco significa que podamos arreglarlo, es decir que sea fácil encontrar la forma de alinear nuestro deseo con nuestro inconsciente. En el caso que mencioné como ejemplo, me costó errores alinear el deseo con lo que nuestra mente desea, aunque parezca otro trabalenguas.

Y para eso sí que aún no he descubierto la receta.