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Cuando se le pregunta a algún filósofo, religioso o espiritualista, para qué vinimos a este mundo, la respuesta que más nos complace a todos es “para ser felices”. Es una respuesta genial, porque dice todo y al mismo tiempo no dice nada. La felicidad es un concepto que nos gusta a todos, siempre, porque es un concepto espiritual y material al mismo tiempo. Es una generalización que uno la puede adaptar a lo que se le antoje. Tanto puede ser una idea elevadísima, como un auto nuevo, cualquier cosa puede generarnos felicidad, todo depende de quien sea el sujeto y qué es lo que desee en cada momento. Incluso para una misma persona, la felicidad puede significar dos cosas muy diferentes a lo largo del tiempo, inclusive con pocos días de diferencia.

Y al ser un concepto tan amplio, tiene muchos adherentes. Acaso hay alguna persona que no pueda sentirse feliz con algo?. Hasta Hitler se sentía feliz con alguna cosa, vaya uno a saber cual era.

Tanta generalización, me lleva a pensar que es un concepto que quizás no exista en lo más mínimo. Me explico: cuando una idea o un concepto tiene infinitos significados, tantos que para una misma persona puede significar cosas diferentes en momentos distintos, parecería ser que más que una idea es una entelequia, un misterioso objeto del deseo a buscar, a perseguir, pero destinado a no ser hayado nunca.

Estuve leyendo el libro del economista argentino Lousteau denominado Economía 3D, donde hay un capítulo dedicado a la economía de la felicidad, cosa que no sabía yo que existiera. Inclusive parece ser que hay científicos económicos estudiándola seriamente en organismos especializados. Las ideas son interesantes en sí mismas, pero la amplitud de los conceptos es abrumadora. Uno podría, con la misma enjundia, fundar una disciplina que tratara de la Economía del odio, o la Economía del aburrimiento, o la Economía de la histeria, y llegaría a resultados parecidos e igualmente inútiles, revestidos de una aureola de “ciencia nueva” muy atractiva.

Por algo Wattles dedico su libro a la Ciencia para Hacerse Rico, ajustando drásticamente el objeto de su ciencia. Nosotros aquí pretendemos ampliarlo, pero no a entelequias tan débiles como la felicidad, sino a conseguir otras cosas más allá o más acá de ser rico, pero nunca lo generalizamos de semejante manera.

Creo que la felicidad como tal no existe, como no sea una débil sensación percibida apenas en un instante fugaz. Tan fugaz que no puede hacerse una ciencia de ello.