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Es imposible no relacionar estas tres actividades, por llamarlas de algún modo, y acaso sean las mismas. He estado reflexionando sobre esto y me resulta muy fácil vincularlas ya que, si nos ponemos a pensar un poco, son la misma cosa.

La oración es pedir a Dios. Acaso ese dios que nombran todas las religiones no es la sustancia infinita de Wattles donde debemos impregnar nuestros pensamientos o nuestros deseos en forma de pensamientos? La meditación que practican las culturas orientales, muy de moda y muy útil por cierto para sobrevivir en este mundo caótico, no es acaso ponerse en contacto con uno mismo íntimamente, requisito imprescindible para orar a un dios? La misma meditación, permitiéndonos silenciar el ruido exterior, no nos pone en contacto con nuestro ser eterno que está donde está Dios, o la sustancia?

Obviamente que todas estas prácticas se consideran distintas solamente por el origen, es decir por dónde ha venido la enseñanza o la recomendación de practicarlas, pero en el fondo las tres son la misma cosa. No pretendo ofender con esto a los creyentes en dios. Simplemente que, conectando nuestra alma con el infinito, lograremos milagros. Haremos ver a los ciegos. Lo mismo haremos impregnando nuestro pensamiento en la sustancia infinita que todo lo abarca, una ingeniosa forma de denominar a Dios. Y es sabido que Dios tiene infinitos nombres. Continuará…