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Nada puede lograrse sin fe. Fe en la sustancia que todo lo impregna, y que vuelve realidad los pensamientos que se graban en ella. Fe en Dios, otra forma de denominar la sustancia, que es omnipresente, todo lo cubre, todo lo sabe y que, si oramos con verdadera fe y gratitud, hará realidad todo lo que deseamos o necesitamos. No veo muchas diferencias entre una y otra cosa, así como en un post anterior reflexionamos sobre el paralelismo entre orar, visionar y meditar.

Qué es la fé? Según la carta de Pablo a los Hebreos, la fe es la certeza de lo que se espera y la evidencia de lo que no se ve. O sea, la fe vendría a ser la convicción profunda que tiene un hombre de que el mecanismo por el cual ora, medita, visiona o practica cualquier disciplina, le dará los resultados esperados. Y al mismo tiempo, es la evidencia de que ese dios o esa sustancia existen en realidad.

Pero resulta que, si uno lo analiza fríamente, uno debe ser muy valiente para creer. Al contrario de lo que podría suponerse, se requiere mucho valor para aceptar la fe. Uno podría pensar que es al revés, y que tenemos fé porque somos cobardes para bastarnos por nosotros mismos. Por qué valentía? Porque la fe en un poder más allá de nosotros mismos, si bien es algo cultural, implica que depositamos nuestra suerte futura en manos de otro, de alguien superior, cuyas formas no entendemos del todo, y nunca entenderemos.

La mente humana está preparada, desde la época de las cavernas, para pensar que uno solo, uno mismo, puede hacer todo lo que necesita para sobrevivir. Pero tener fe significa aceptar que somos apenas unos seres minúsculos y desvalidos sin la presencia del todopoderoso. Así tengamos fé en la sustancia que todo lo cubre, eso implica que, sin esa sustancia, no somos nada, no podemos hacer nada ni lograr ninguna de nuestras metas. Es por eso que para tener fe verdadera en algo superior, debemos dejar de lado en nuestra mente el sentimiento profundo de que todo lo podemos, y aceptar que somos nada más que unos pequeñísimos y debiluchos seres que nada podrán lograr nunca sin ayuda.

El proceso mental que lleva a esto es muy difícil. Y, según Wattles, debe ir acompañado del agradecimiento o gratitud, que no es otra cosa que reconocernos pequeños e impotentes. Es una especie de saneamiento de la mente, que se despoja de siglos de omnipotencia y se somete, mansamente, a la colaboración mutua, al trabajo conjunto, con un ser superior.

Pero lo debemos hacer con honestidad, para que sea profundo el cambio, y  con perseverancia para no volver a nuestra mente cavernícola que cree que está sola en el universo.  Sólo así podremos aceptar que la sustancia infinita venga a nuestra ayuda, materialice lo que necesitamos, ponga en acción a las fuerzas que nos darán nuestro futuro tal como lo imaginamos, con propósito y gratitud.