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En la vida de todos los días nos encontramos en situaciones donde es imposible, o casi, no perder la paciencia. Me refiero a un compañero de trabajo que no hizo lo que debía hacer y eso nos perjudica en nuestro trabajo, o a alguien de quien esperábamos más y no ha estado a la altura, o situaciones similares donde nos enojamos con las personas, nos sentimos defraudados o perjudicados o directamente atacados por el otro, por el prójimo. Y me pregunto cuál es la mejor reacción frente a un hecho semejante. Wattles no nos da ningún indicio sobre como reaccionar.

Hace poco tuve un caso semejante. Un socio en mi empresa que no demostraba ningún entusiasmo para preocuparse, para tener iniciativa, sobre temas que nos preocupaban sobremanera. Las cargas estaban mal distribuidas: mientras yo cargaba con toda la responsabilidad de que se me ocurrieran ideas o salidas para los problemas de todos, él simplemente esperaba a que yo sugiriera algo, temeroso de opinar y aventurarse. A medida que pasaban los días, mi enojo aumentaba al ritmo de nuestras complicaciones. No quería increparlo porque él debía saber cuál era su obligación para con todos, sin esperar que yo le dijera algo.

Opté por la solución que resultaba más cómoda para mi. Decidí seguir mi camino, continuar empujando con intención e inventiva, independientemente que nadie me acompañara. Dejarlo a un costado y continuar con mi esfuerzo, así fuera en soledad.

No se si fue la mejor solución, pero tampoco fue fácil para mi superar mi enojo, mi ira. Creo que enfrentar al otro, contraponerle mis argumentos, hubiera significado para mi alma un desgaste y un enfrentamiento provocado en el rencor. Así que decidí suprimir ese sentimiento de mi alma, aceptarlo como es, y rogar que se diera cuenta de su error por sus propios medios.

No se si es lo que se debe hacer, pero mi alma se sintió más en paz que con el enfrentamiento.