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Todos tenemos una zona de confort, absolutamente todos. Inclusive las personas que están pasando penurias, angustias, ya sean éstas económicas o de cualquier otro tipo, poseen una zona de confort. Esto lo aprendí teóricamente hace mucho tiempo, pero lo viví muy de cerca en una de mis empresas. La zona de confort es aquel lugar mental en el que uno se siente como en casa, aunque se sienta mal. No hay mejor lugar para sentirse mal que la propia casa. La zona es ese sitio ilusorio donde nuestra mente descansa, aunque paradójicamente, sea donde más trabaja.

Muchas personas que están pasando momentos malos sufren mucho más si se las saca de la zona de confort que estando en ella, aunque estén muy mal y tengan muchos problemas. Esto es particularmente notorio en los trabajos.  Es por eso que muchos jefes o gerentes de empresa, últimamente, se especializan en mover a los empleados fuera de su zona de confort. Por ejemplo, un vendedor va a preferir mantener sus cinco clientes que le aseguran una comisión baja, pero comisión al fin, en lugar de pedir un cambio de zona y pasar a una que le podría generar cien clientes con comisiones jugosas. Prefiere quedarse en la zona de confort.

Wattles nos saca furiosamente de nuestra zona de confort. Al pedirnos que constantemente tengamos la mente enfocada en aquello que deseamos, nos produce un doble efecto: por un lado nos saca de la rutina y nos mete en otra rutina que es mucho más exigente y dura. Por otro lado, al poner en nuestras manos literalmente nuestro futuro, nos quita la excusa de que “la economia está mal”, “no hay buenos clientes ni buenos negocios”, “la crisis se hace sentir” y toda clase de excusas que encontramos día a día para nos ser ricos, para nos ser felices y para no conseguir lo que deseamos, sea lo que fuere.

Abandonar nuestra zona de confort significa salir a comerse la vida allí donde la encontremos. Implica dejar de lado todas , TODAS, las excusas para ir a buscar lo que es nuestro, lo que nos petrtenece y nos perteneció desde siempre. La sustancia no es un papa noel generoso que está esperando que le escribamos una carta. La sustancia es el juez ante el cual vamos a reclamar lo que nos pertenece por derecho propio, la felicidad que nunca debimos haber perdido.  (alguien mencionó a Caín?)

Mientras vivamos en la zona de confort podemos continuar consiguiendo pequeñas alegrías, algunas migajas, y luego volver a lamentarnos por nosotros mismos y por lo injusto que es el mundo. La vida, la riqueza y la felicidad están ahí afuera, solo necesitamos salir de nuestra mediocridad y conformismo, nuestra zona de confort.