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Ayer tuve una interesante discusión con una amiga, no muy cercana. Lo curioso es que ella, y su esposo, son fieles seguidores de las enseñanzas de Wallace Wattles sin haberlo conocido nunca. Pero otro día escribiré sobre eso.

La cuestión es que estábamos discutiendo sobre la relación entre la conducta de los demás y nuestras propias visiones. Es decir, yo puedo desear determinada cosa en mi mente que depende de otros, pero me está completamente prohibido e incluso es inútil, que yo intente modificar la conducta de esas otras personas. Ella decía que, si yo deseo esa cosa con suficiente fuerza, los demás cambiarán su conducta. Reitero, no conoce a Wattles, pero cree en el poder de la mente de modificar la realidad.

En ese momento me di cuenta de una diferencia entre ella y yo. Ella cree en la mente puramente mecánica, y para mí, si no existe intención, propósito y sentimiento, la mente no alcanza. Es la unión de mente y corazón, mente y sentimiento, que produce las manifestaciones. Entonces le planteé una apuesta: mantengamos esta discusión con total honestidad y generosidad. Es decir, démosle un alcance brutal. Honestidad al cien por ciento y generosidad al cien por ciento. Hasta el límite de que no quede nada entre nosotros y no haya el más mínimo secreto.

Lo pensó unos minutos y desistió, dijo que no aceptaba la apuesta. Evidentemente tenía en su alma cosas que no podía volcar hacia afuera. Nadie resiste la honestidad brutal ni la generosidad brutal. En el momento que me dijo que no aceptaba la apuesta, me dí cuenta que había entendido la trampa que mi apuesta le planteaba a su mente.

No somos capaces de renunciar a nuestra convicción de que todo depende de nosotros. Desde la prehistoria nos hemos educado en la seguridad de que somos nosotros los que debemos forjar nuestro futuro, sin darnos cuenta de que la sustancia, o como se llame, está ahí para ayudarnos si nuestra intención es la correcta. Aún cuando pedimos a Dios, muchas veces no nos involucramos, simplemente lo hacemos como si fuera un préstamo.

La discusión con mi amiga terminó en ese momento. Ya era muy tarde.

PS: Los posts que aparecen en este blog NO son ni pretenden ser enseñanzas ni nada por el estilo. No es mi intención aleccionar a nadie ni dar cátedra ni convencer a otros. Mi única intención es provocar el pensamiento, hacer que las personas que visitan el blog piensen en algo diferente, de un modo distinto. Que se hagan preguntas y se las respondan.

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