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English: jesus dijo dale a cesar lo que es de ...

English: jesus dijo dale a cesar lo que es de cesar y a dios lo que es de dios (Photo credit: Wikipedia)

Es innegable el poder de la palabra en la cultura humana. De hecho, el hombre es el único animal que utiliza la palabra con semejante sofisticación que toda la cultura y las diferentes culturas giran alrededor de ella. Esto no es ninguna novedad. También es notable que la multitud de idiomas que existen sobre el planeta, nunca haya sido un real impedimento para que los países se relaciones. Esto quiere decir que la palabra (o los idiomas) caracterizan pero no separan, definen pero no aíslan a los pueblos.

Ni que decir del poder de la palabra en las religiones y en las creencias. Todas las religiones practican la oración, con mayor o menor ritualidad o liturgias variadas. La palabra es la manera de comunicarse con Dios. Dios nos habla en silencio, pero nos hablan, predican todas las religiones, creencias y sectas. La palabra es el instrumento mágico para comunicarse con el Ser Superior, así sea dicha en silencio.

Pero hoy me maravillé del poder de la palabra al descubrir que el Evangelio según San Marcos solo tiene 10.000 palabras o quizás un poquito más. Esa cantidad es la misma que posee un artículo razonablemente escrito en una revista. De hecho, las normas internacionales establecen que un escrito, para ser considerado un libro, debe superar las 50 mil palabras, esto es mucho más de lo que tiene el Evangelio. Si tiene por debajo de eso debe considerárselo un pasquín, un catálogo o nombres semejantes, pero no un libro.

No he hecho este conteo para los otros evangelios. Me he fijado solamente en el de Marcos porque es el primero que fue escrito. Los investigadores no se ponen de acuerdo, pero puede haber sido escrito solamente 30 años después de la muerte de Jesús, mientras que los evangelios de Lucas y Juan han sido escritos casi seguro más de cien años después de la muerte de Cristo. El Evangelio de Marcos, según parece, fue escrito por un discípulo de Pedro basándose en los relatos de vida del propio Pedro, o Simón. Marcos no fue uno de los doce apóstoles, sino uno de la camada siguiente, que oia a su maestro Pedro, aquel que es la Piedra sobre la que se establecería la iglesia, repetir una y otra vez las anécdotas, milagros, parábolas y dichos de Jesus y los utilizaba para evangelizar.

Si uno se pone a pensar lo que unas 10 mil palabras han logrado sobre la humanidad, le corre un frío por la espalda. Apenas unos cuantos renglones escritos, que cualquier escritor podría realizar en un día, a lo sumo, han revolucionado hasta los rincones más aislados del planeta, han desatado guerras, han movilizado muchedumbres gigantescas, han formado y destruido estados, reinos y comarcas de todo tipo, han creado la revolución cultural más grande de los dos mil años que le siguieron.

Acaso debemos tomar esos efectos, esos impactos, como prueba que unas pocas palabras pueden cambiar al mundo? Acaso no deberíamos dar crédito a que, para que se produzca semejante remezón en la humanidad, esas palabras necesariamente deben ser divinas?  Podría un escritor de nuestros días, por mas genial que sea, producir semejante efecto aún con todos los medios publicitarios del planeta a su disposición?

Un campesino iletrado del sur de Galilea, de quien nada o casi nada se conoce, cambia la historia escribiendo apenas diez mil palabras en un papiro y lo hace solo, aislado, en una cueva de la montaña más perdida y pobre del planeta. Y desata una revolución universal de proporciones gigantescas.

Ese es el poder de la palabra.

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