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Vivimos toda nuestra vida buscando la seguridad. Inconscientemente, además del miedo que sentimos a cada momento, existe en nuestra mente la necesidad constante de buscar seguridad.  Quizás la inseguridad se derive del miedo o el miedo provenga de la inseguridad, no lo sé, pero parecen ser reflejos o manifestaciones de la misma cosa. Pero se muestran diferentes y por tanto creo que debemos tratarlos en forma diferente, aún sabiendo que son lo mismo.

Cuando éramos niños no teníamos esa sensación de inseguridad. Seguramente teníamos un papá o una mamá que nos protegían aunque ello fuera invisible o sutil para nosotros. Por eso podíamos jugar sin importarnos del paso del tiempo, dejar pasar las horas ensimismados con algo simple, o simplemente explorar cómo era la vida ahí afuera, en el mundo, sabiendo que nada podía ocurrirnos o que los peligros no existían.

Luego crecimos, adoptamos responsabilidades que dudamos de poder cumplir siempre, obtuvimos un cierto estatus, por poco que este sea, que tememos perder, y comenzamos a mirar hacia todos lados a ver desde dónde vendría el golpe que nos podría quitar lo poco o mucho que habíamos conseguido. Rogamos cada día poder mantener el amor que nos hace felices, poder mantener el trabajo que nos permite pagar las cuotas y la hipoteca, en fin, la inseguridad está en todo y a cada paso, aferrados como estamos a un mundo pequeñito que nos da cierto confort y nos hace sentir seguros cuando simplemente no pensamos en la posibilidad de perderlo.

Qué ocurriría si de repente se presentara un ángel y nos dijera: puedo hacerte todopoderoso, darte dinero, amor, felicidad total por el resto de tus días si arrojas esta moneda y sale cara. Si sale cruz, pierdes todo lo que tienes, caes en la miseria, pierdes el amor y la familia, y tendrías que comenzar de nuevo a reconstruir todo, recuperar a tu familia, ganarte el amor de tu esposa y obtener de nuevo ese trabajo miserable que tienes que solo te da para vivir.

Aquí encontraríamos tres tipos de respuesta, y en base a la respuesta entenderíamos quien hay detrás de cada una.

Existen personas que no aceptarían el desafío. Son las personas inseguras que han logrado lo que tienen por un golpe de suerte o lo han heredado. Temen perder lo que tienen aunque se les muestre que pueden ganar mucho más. Viven temerosas del futuro, haciendo cuentas y atesorando. Jamás harían algo que arriesgara lo que han logrado, o creen que han logrado, porque en realidad son muy pocas las cosas que realmente uno logra por cuenta propia en la vida. Viven aferradas a cosas que valen poco y nada, aunque se necesite mucho dinero para comprarlas.

Otras personas aceptarían de buena gana la apuesta. Saben que no tienen nada real, aunque parezca por las luces y los brillos que las riquezas son reales y no dudan que el buen pasar es fantasía, que se irá tan pronto como vino. Saben que están desnudos en la vida, y que por más que vistan buenos trajes, la suerte que correrán es la misma del mendigo, tarde o temprano. Pero además confían que podrían recuperar el amor de su ser amado así lo perdieran algún día, porque son los mismos y siempre serán iguales. Saben que lo poco que tienen lo tienen en el corazón, en esa vibración particular que nos hace distintos a cada uno, y que eso no podrían perderlo jamás, ningún ángel sería capaz de quitárselos.

Hay un tercer tipo de respuesta: la del cobarde que diría que la vida no se juega en una moneda. Y argumentarían en contra de las metáforas y las fábulas. Y contra el tonto que escribe este blog.

Y tú? Cual sería tu respuesta?