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Creo?

Creo? (Photo credit: Dustin and Jenae)

Voy a relatar la historia de Pedro, un muchacho que conozco. No somos amigos, pero lo conozco bien a través de algunos amigos en común. Es una persona de unos cuarenta años, muy responsable en su trabajo, casado y con dos hijos. Conoció el libro y la ciencia de Wattles hace poco tiempo, y se decidió a implementarla. Creo que lo animaba más el espíritu de probar que la creencia de que tendría éxito. Durante meses, según nos comentó luego en una reunión de amigos, leyó el libro y estudió cada idea, cada mensaje. Hasta que pensó que había llegado la hora de aplicarlo.

Ahí se encontró con un problema. No sabía lo que quería. Sabía que deseaba profundamente tener cierto éxito económico, pero no tenía ninguna idea en particular sobre cómo lograrlo, a través de que actividad, y le parecía muy abstracto pensar sólo en el dinero.

Pedro trabajaba en una gran empresa comercial. Tenía un puesto medio, pero bastante bien remunerado, aunque nunca le sobraba el dinero. Estaba cómodo con su trabajo, por lo que cambiarlo no era una opción para él. Podría haber deseado ascender en su trabajo, pero no lo pensó. Solamente sabía que quería independencia económica y poder hacer lo que le gustaba. Eligió esas dos cosas y se lanzó.

Al día siguiente de que sus pensamientos se enfocaran de esta forma, fue llamado a la oficina del jefe. Habría una reestructuración de la empresa y habían decidido dejarlo fuera. Le agradecían los servicios pero era inevitable. Volvió a su casa envuelto en una maraña de preguntas y confundido, no sabía que hacer. Sin embargo, ahora reconoce que no estaba nervioso, simplemente confundido. Ahora cree que las ideas de Wattles le dieron la tranquilidad necesaria para pasar el mal momento y poder pensar más claramente.

Analizando la situación con su esposa, decidió que debía interpretar el suceso de quedarse sin trabajo, como una señal que alguien le daba. Si había pedido seguridad económica, le estaban dando la oportunidad de lograrla por sí mismo. Decidió poner su propia empresa. Fabricaría unas lámparas adornadas que había visto en una feria y que se vendían a buen precio. Puso manos a la obra con toda su energía, su mente clara en el éxito, y todos sus conocimientos y responsabilidad.

La empresa no funcionó. Por algún motivo las pocas lámparas que pudo vender habían bajado de precio, y la recesión hacía muy difícil concretar cada venta. Cambió la matriz de su negocio, y se dedicó a vender unas lámparas similares que fabricaban en otra ciudad. Puso nuevamente su energía en movimiento y se lanzó con toda su capacidad a lograrlo. Tampoco funcionó.

Pedro no se amilanó. Continuó haciendo las cosas lo mejor que su capacidad le otorgaba, poniendo toda su energía en cada venta, en cada posible cliente, en cada negocio. Por momentos parecía que el futuro se le cerraba, que se le acababan las opciones. Sin embargo, siguió con su buen carácter convencido de que algún día tendría éxito.

Por esos días lo conocí. El sabía que yo conocía a Wattles y estuvimos conversando mucho tiempo. Escucharlo hablar de La Ciencia de Hacerse Rico daba placer, porque parecía que la persona que hablaba era una persona de éxito, repleto de riquezas y dinero. Sin embargo, sus ahorros se estaban acabando y no tenía, según él mismo confesaba, ningún plan a la vista para salir adelante. Me impresionó su poderosa fé en que tendría suceso.

Unos meses más tarde lo volví a encontrar. Me contó que su vida se había encaminado definitivamente y su negocio prosperaba. Había sido fruto de la casualidad, como llaman ciertas personas a los hechos que no entienden. Había encontrado un viejo amigo que lo había introducido al negocio de los ventiladores, y su empresa estaba finalmente despegando, ganaba dinero, era independiente y su familia estaba feliz de verlo siendo una persona exitosa.

Estoy seguro que personas como Pedro hay miles. Y que de esas miles ninguna conoce ni oyó hablar siquiera de Wattles, aunque después de El Secreto esto es bastante difícil. Hubiera sido igual antes de esa película/libro. No hace falta conocer a Wattles para tener un derrotero como el de Pedro. Pero hace falta sí seguir sus principios, aunque nunca hayamos leído el libro.

La fe, la seguridad, la visión clara y el trabajo inteligente y constante, dar más de lo que se recibe y ser agradecidos, son los ingredientes que, convenientemente combinados, hacen que todos los días muchos como Pedro en todo el mundo salgan de su parálisis y se transformen en personas vivas, libres, exitosas y que hacen lo que les agrada.

Personalmente creo que lo que llevó a Pedro a prosperar como quiso fue su enorme paciencia, no desesperarse, mantenerse firme en sus convicciones, con la tranquilidad de que el éxito llegaría. Y estar atento a las oportunidades que se nos presentan. El resto de los ingredientes está en Wattles, como dije más arriba, pero hay que tener sabiduría para aplicarlos y paciencia para darles la oportunidad de actuar.

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