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...he conservado intacto tu paisaje pero no sé...

…he conservado intacto tu paisaje pero no sé hasta dónde está intacto sin vos… (Photo credit: Luz Adriana Villa A.)

Muchos programas y gurús hablan de la paz interior. Ponen tal enfoque y acento en ello con tal énfasis que resulta asombroso, ya que a nadie se le podría ocurrir que uno pudiera conseguir sus sueños o lograr sus metas sin tener paz interior. Y si lo hace, son metas vanas o pobres, porque están logradas a partir de lo que Wattles llama el mundo competitivo, para diferenciarlo del mundo creativo.
Nada puede lograrse sin paz interior. Sin embargo, lo contrario no es cierto. No basta con tener paz para lograr las cosas que deseamos, en tanto y en cuento esas cosas tengan un componente material. Pero veamos como se puede lograr la paz interior necesaria para que las cosas lleguen a uno sin prisa pero sin pausa.
Vivimos en un mundo pleno de movimiento. Todo es movimiento. A tal extremo, que los físicos bien saben que no hay nada que esté verdaderamente quieto en la naturaleza o en el cosmos. El movimiento está en la raíz de la vida, en todas las cosas que existen. Inclusive por más que un objeto parezca quieto, sus átomos se están moviendo a una velocidad increíble en su interior.
Nuestro cerebro asocia inconscientemente movimiento con inquietud, con zozobra, con nerviosismo. Aún si uno se encuentra en una playa al atardecer donde las olas rompen suavemente sobre la arena, con toda la paz del mundo, lejos de cualquier agitación, ese solo movimiento de las olas parece alejar nuestra paz interna, nos pone una incertidumbre que impide, por pequeña que sea, que alcancemos la paz absoluta. No podemos relajarnos viendo las olas romper y romper, una tras otra, en un movimiento perpetuo.
Pero resulta que la paz no se logra con la quietud simplemente. Se logra evitando justamente que el movimiento de las cosas se transforme en el movimiento de nuestra alma. Desacoplando lo externo de lo interno. Haciendo que la vida interior no dependa de los avatares de las cosas externas.
No es un proceso sencillo. Requiere mucha reflexión interna, mucha introspección para saber que el espíritu, manifestado en nuestra alma, no sigue los acontecimientos externos que día a día nos traen buenas noticias, malas noticias o nos llenan de nerviosismo y agitación. A veces nos ocurren cosas que nos preocupan, o nos generan cierta zozobra, y sin embargo las tomamos con buen ánimo, casi con displicencia, como si a nuestro espíritu le resbalara, no le importara. Otras veces, aún buenas noticias pueden generar cierta intranquilidad en el alma, que en esos días está particularmente sensible. Inclusive ocurre que personas cercanas no se explican por que nos hacemos tanto problema por alguna nimiedad y cómo es que no nos pone nervioso algún acontecimiento más o menos grave.
La paz interior consiste en dejar que el espíritu siga su camino, aquel que tiene sus propios altibajos, pero independiente de lo que nos ocurre fuera, en la superficie de las cosas. Ese desacople hace que podamos vivir la vida de otra manera, sin dejarnos arrastrar por efectos externos, como el estress o la ansiedad. Es claro que puede haber nervios provocados por situaciones exteriores, pero ello no debe afectar nuestro espíritu. De esa forma, cuando finaliza el día y dejamos de correr atrás de las obligaciones, nos reencontramos con nuestro yo interno en paz, en calma, con la conciencia tranquila del deber cumplido. Y si algo nos faltó hacer o algo salió mal, será para corregirlo más adelante, mañana o pasado.
Este estado de paz interior hace que las cosas ocurran, porque el espíritu está ocupado en sus propias cosas y no en nuestro mundo exterior enloquecido y vibrante. Cada vez que las cosas del espíritu son independientes de lo que pase con las cosas de la materia, así el espíritu logra lo deseado por el que lo gobierna, o al menos lo deja existir en paz.
Finalmente debemos tener en cuenta que esta práctica cuesta mucho trabajo, y bastante tiempo, hasta que uno la puede dominar y transformarla en una forma de vivir. Cuando esto se logra, la vida entra en un camino más armonioso. No necesariamente implica que automáticamente seremos felices, o que todos nuestros problemas se solucionarán de inmediato. El camino de la perfección es muy largo, pienso que infinitamente largo. La clave está en comenzar a recorrerlo, y cuanto antes mejor. Cuando antes comencemos mejor nos encontrará el futuro, y más lejos llegaremos.