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Wattles dice que la acción es la que finalmente termina trayéndonos lo que deseamos, siempre y cuando actuemos de la manera correcta. Ya en otros post en este sitio hemos examinado de qué se trata esto de la manera correcta de actuar, las condiciones y las formas o los métodos.

Hoy simplemente quiero dejar un pensamiento sobre algo que he probado una y otra vez en mi vida, y que se ha transformado para mí en una certeza. Cuando empecé a leer a Wallace Wattles debo reconocer que no tenía tanta seguridad en este aspecto, y más bien sospechaba de que la eficiencia en el actuar pudiera traernos maravillas. Debo reconocer que lo mismo me pasó con lo que Wattles dice respecto de la moral, pero esa es otra historia para otro post.

Actuar eficientemente, es decir, hacer lo mejor que seamos capaces de hacer, aún por encima de lo que estamos acostumbrados en el caso de que lo hagamos bien, nos garantiza un detalle que WW no muestra acabadamente. Cuando actuamos eficientemente, ahorramos energía al universo, ponemos las cosas donde seguramente deben estar. Es decir, no tener que repetir lo que hacemos, podríamos ponerlo como que “agrada a la sustancia”.

Esa economía en los recursos, que podría parecer de ciencia ficción, es real y palpable. Por algo nos molesta y nos pone nerviosos tener que hacer lo mismo dos veces. Y esto es así porque justamente estamos desequilibrando el maravilloso marco donde todas las cosas están reflejadas, acaso en el infinito. Nada que se haga mal, o no se haga del todo bien, puede conducir a nada bueno.

Podríamos ir más lejos y pensar que esa aplicación por hacer nuestro trabajo o nuestras actividades, cualesquiera sean, es una obligación para con la sustancia maravillosa que nos rodea, y que en el mismo grado de nuestro accionar, será lo que nos vendrá. Si no hacemos las cosas del todo bien en cuanto a lo que podemos hacer, por qué alguien nos traería los beneficios que deseamos sino más bien degradados e inacabados?

La pregunta obvia que sigue es la referida a las virtudes y capacidades que cada uno tenemos, que son distintas, y que nos impiden actuar a todos con el mismo nivel de eficiencia. En ese aspecto, la sabiduría infinita del universo sabrá compensar las habilidades y se moverá por el esfuerzo empleado.

No me había convencido de esto hasta que decidí probarlo. No hizo falta. Sólo con recordar la cantidad de veces que hice cosas sin la menor eficacia, sin el menor respeto por aquello que estaba haciendo, y los cambios que se dieron a partir de que cambié mi forma de actuar, luego de conocer a Wattles, y no necesité prueba alguna.

A partir de ese momento, lo confirmo cada día que pasa. Y no me va mal.