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Leemos que para que nuestros actos sean efectivos, debemos actuar de cierto modo. Mucha gente se pregunta qué es ésto, e incluso hay multitud de comentarios en este blog consultando como es esto de actuar de cierto modo. El concepto de actuar “de cierto modo” deja en la desesperación a muchos lectores. El libro de Wattles lo deja en la semioscuridad, y eso es más raro aún cuando, yo pienso, es la parte central de todo lo que escribió este autor.

No hay nada que podamos hacer para progresar si no actuamos. Actuar significa hacer cosas con la realidad de todos los días, tener una actividad, un trabajo, un pasatiempo, una pasión o simplemente hacer algo como lo necesario para no estar sin hacer nada. Actuar significa también modificar, intencionadamente o no, la realidad que nos rodea.

Pero no todos actuamos igual ni somos igualmente efectivos cuando actuamos. Me refiero a efectividad para lograr nuestras metas. Quizás somos eficientes en lo que hacemos, pero no somos efectivos en lograr progresar hacia el lugar donde están nuestros sueños, donde queremos llegar. Y eso tiene un por que, que trataremos de explicar. Mientras tanto, de paso digamos que este es el motivo por el cual la enorme mayoría de las personas que conocen a Wattles terminan abandonándolo, porque no logran que sus actos, acciones o trabajos los conduzcan hacia sus metas, sean estas la riqueza, el bienestar o lo que sea.

Y el problema radica en lo que podríamos llamar la moral de la acción. Será más fácil de explicar con un ejemplo. Supongamos que soy una persona que necesita trabajar para vivir. No tiene ahorros, no tiene una familia acaudalada, y por tanto necesita indispensablemente trabajar para poder alimentar a su familia y criar a sus hijos. Trabajo en una oficina donde mi ocupación principal es mantener los papeles adecuadamente ordenados. Hago bien mi trabajo, dentro de los estándares normales, aunque sin destacarme demasiado. Me pagan para hacer bien mi trabajo, y podemos decir que lo hago bien. Nada extraordinario.

De repente, un día me despierto y descubro que están pasando los años y no progreso económicamente. Apenas gano para vivir con ciertas estrecheces. Me doy cuenta que, a este ritmo, envejeceré haciendo el mismo trabajo tan rutinario que ya lo conozco de memoria. Decido que no puedo seguir así, que debo progresar, que debo ascender a puestos de mayor retribución. Pero veo, o creo ver, que mi trabajo me tiene en el fondo del pozo porque nadie lo nota. Es más, cuando hago las cosas mejor, menos gente a mi alrededor nota mi trabajo. Cuanto más ordenados están los papeles, menos personas lo notan.

Y es precisamente en ese punto donde estoy a las puertas de decidir mi fracaso: decido que mi trabajo se note. Le hago ver a mi jefe lo bien que lo hago. Trato de que más personas aprecien mi tarea. Aumento mi visibilidad mostrando mi eficiencia, inclusive a costa, a veces, de dejar mal parados a otros compañeros, pero con sutileza para que nadie me acuse. Comienzo a mostrarme como un empleado eficiente. Ese es el acabóse de mis aspiraciones de progreso. Y no me doy cuenta. Persisto en el error.

Por que? Es muy simple: he agregado a mi trabajo una segunda intención. He combinado mi trabajo eficiente, para el cual me pagan, con la intención de reconocimiento, por la cual evidentemente no me pagan. Estoy moralmente defraudando a la realidad, al universo, a la sustancia si quieren llamarlo así. Estoy haciendo que la energía que debía contener mi trabajo se disperse por un camino adicional, se malgaste en un objetivo que está fuera de contexto, fuera del esquema para el cual esa energía está destinada.

Aún cuando lo haga de forma tan sutil y elegante como para que nadie a mi alrededor lo note conscientemente, yo y mi intención sabemos que lo estamos haciendo. Y por supuesto las otras personas también lo notarán, inconscientemente, aunque quizás no se den cuenta de que lo están notando. Y las posibilidades de éxito profundo, duradero, de progreso, se diluirán como esa energía que malgasté, y quedaré condenado a permanecer en el mismo sitio.

En el fondo, este es un fallo moral. No me refiero a la moralidad social de las buenas costumbres. Lo que aquí está ne juego es mi moralidad en el sentido que estoy haciendo algo por un fin, pero con otro fin oculto. Estoy tratando de engañar al universo haciéndole creer que hago mi trabajo bien, porque me pagan por hacerlo bien, pero mi intención va más allá, tengo una segunda intención que es mostrar lo bueno que soy en lo mío, lo genial que lo hago y lo mucho que merezco un ascenso.

Muchas veces lograré conseguir ese dichoso ascenso, o me pagarán un poco más, con lo cual lograré ser un poco menos pobre, pero pobre al fin. Cada vez más lejos del éxito verdadero.

Quiero aclarar, por último, que no creo que el Universo sea moral, en el sentido de que esté direccionado hacia el bien y sea reluctante hacia el mal. Creo sí, que el Universo rechaza el dispendio de energía inútil, el derroche, la ineficiencia y la ineficacia. Y creo que la moral, como nosotros la entendemos, casi siempre lleva al mejor uso de recursos, al mayor aprovechamiento de la energía útil.

Actuar de cierto modo significa, ni más ni menos, que nuestras acciones apunten a un sólo fin, al fin para el cual las concebimos, sin objetivos ocultos o segundas metas. Para eso debemos ser muy valientes, y conocernos mucho a nosotros mismos. Sólo de esa forma lograremos nuestras metas.