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La paz interior es fundamental, pero sin embargo muy poca gente se preocupa por ella. Todos parecemos creer que las riquezas o los objetivos que nos hayamos planteado en la vida (que es lo mismo) siguen dependiendo de factores externos y no de lo que hagamos dentro nuestro.

Mucho hemos escrito en este blog sobre la paz interior, ese estado tan difícil de alcanzar y, en cierto modo, idealizado. También hemos escrito mucho sobre el miedo, la otra amenaza de la paz interior.  Pero el tema sigue volviendo una y otra vez, y junto con un par de otros aspectos, se vuelve esencial para lograr nuestros objetivos.

En mi caso personal, he iniciado un camino hace varios años en busca de lograr la paz interior. Y puedo asegurar que es tremendamente arduo y difícil. He hecho algunos progresos, pero me parecen diminutos al lado de lo que necesito conseguir. Al menos eso creo. O quizás yo esté peor de lo que me parece o de lo que parezco a los otros.

Eliminar la tensión interna, esa congestión de sentimientos de incertidumbre que por momentos oprimen el alma, es como desatar nudos muy duros, con esfuerzo y constancia. No es una tarea de sentarse en el piso como flor de loto y abrir los brazos diciendo Ommm… Es un trabajo arduo día a día que nos va alentando. Esto en la medida de que vayamos obteniendo resultados que podamos medir, aunque sean pequeños. Es confiar en el futuro, porque el futuro lo estamos construyendo nosotros mismos. Es confiar en la naturaleza o en el universo, porque éste se irá acomodando en la medida que no tengamos miedo.

Trabajar con uno mismo es difícil, porque es muy fácil caer en la tentación de engañarse a sí mismo. Pero es imprescindible.

Puedo sí asegurar que, en la medida que se hacen algunos progresos en este tema, el espíritu se vuelve más tolerante, mas sensato, mas ubicado en el contexto general de las cosas que giran a nuestro alrededor. Y al mismo tiempo se logran cosas, metas que parecían imposibles un tiempo atrás, porque justamente esa imposibilidad supuesta estaba creada por el miedo a lo desconocido, al futuro.

Todas las cosas sobre las que escribo aquí son las que me pasan a mí, no necesariamente las que he leído, sino lo que he hecho con lo leído. Es puramente personal. Otras personas pueden tener experiencias muy diferentes, e igualmente válidas por supuesto.

A veces me pregunto si mi éxito modesto en desterrar el miedo y lograr la paz no significa que me esté acercando al final. Si es así, hasta estoy dejando de tenerle miedo a “eso”, que no quiero nombrar.