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En todos sus libros, Wallace Wattles establece, al comienzo de cada uno, un principio de vida, por llamarlo de algún modo. Es una idea fácil de comprender y sencilla de visualizar, inclusive no hay persona que no adhiera claramente y definitivamente a ese concepto si lo piensa un instante. Sin embargo, como veremos más adelante, es una idea que está tan lejos de nuestra realidad que cuesta aceptarla como parte de esa misma realidad. Sucede que los hombres hemos hecho de la naturaleza un despropósito en todos sus aspectos.

Por qué estamos vivos? Por qué está viva esa planta? Por qué nacemos? El principio de la vida dice que donde hay vida, esta tiende a reproducirse indefectiblemente. Incluso bajo las condiciones más adversas, la vida tiende a abrirse camino, a nacer y crecer. En ese camino, cada paso que da genera más vida, más de sí misma para cubrir todo el espacio con vida.

Y la vida intenta ser plena, intenta desarrollarse apuntando a la perfección, aunque no siempre lo logra. Justamente nosotros con nuestros comportamientos destructivos y violentos, somos la prueba de ello. Estropeamos lo bonito y generamos lo feo, lo perjudicial, lo efímero, con la ilusión de progreso equivocada.

En el medio de una naturaleza del universo, que prodiga y expande la vida a más no poder, nos econtramos con que nuestra cultura del siglo veinte ha perdido completamente el respeto por la vida. Y no estoy pensando necesariamente en las grandes tragedias como en la guerra de Irak o el Holocausto, que llegaron a la cúspide de la crueldad innecesaria y ambiciosa.

Estoy pensando en ejemplos concretos de la vida diaria. Por ejemplo, para tomar un caso puntual, el de los accidentes de tránsito. Es un ejemplo simple, sin muchas pretensiones de ser revelador, por supuesto, y que podemos ver a cada paso en el periódico de cada día. A propósito de ello, me tomaré la libertad de recomendar aquí a unos amigos que trabajan en accidentes de tránsito y que lo hacen muy bien.

A cualquier persona que sea un poco sensata le parecerá una estupidez del tamaño del mundo pensar que existen personas que, porque bebieron un poco de más o porque están llegando tarde a una cita, se arrojen el derecho de segar la vida de otra persona, o de varias, para el caso es lo mismo. Como es posible que haya gente que se comporta de esa forma? Es acaso que nadie piensa en el otro como el otro no piensa en mí? O simplemente hemos llegado a tal grado de alienación y salvajismo que permitimos que cualquiera tome la vida de cualquiera, sus sueños, su futuro y se crea con derecho a hacerlo?

Que los accidentes reales existen, no cabe duda. A veces las cosas se dan para que algo salga mal, aún entre personas que han tomado todas las precauciones para que no ocurra. Es evidente que en el universo hay una cuota de azar que a veces nos afecta y muy negativamente. Pero eso es lo inevitable, lo azaroso, el accidente real. La gran mayoría de los casos son pura y simple imprudencia provocada por el poco valor que le damos a la vida.

Pero la vida y su intención permanente, constante, es el principio de todo. Nosotros la consideramos una cosa más, y nos manejamos con las personas con el mismo sentimiento depredador que usamos para la naturaleza. Recuerdo cuando mi padre buscaba tomar una abeja que había entrado por la ventana, y en lugar de matarla la sacaba pacientemente afuera. Ante mi queja su respuesta era que merecía vivir.

Sería muy bueno que las personas recuperaran algo que quizás nunca tuvieron: el respeto por la vida, como reflejo del respeto al universo.