wild-honey-bees-1432373-2-mHabiendo alcanzado el punto de vista que lo coloca en las relaciones correctas con el mundo y con sus pares, el próximo paso es la consagración; y la consagración en su verdadero sentido, simplemente significa obediencia al alma. Dentro de usted, tiene aquello que está siempre empujándolo hacia el modo superior y avanzado; y ese algo que lo empuja es el PRINCIPIO DE PODER divino: usted debe obedecerlo sin cuestionarse. Nadie negará la declaración de que si usted debe ser grande la grandeza será una manifestación de algo de adentro; tampoco puede usted cuestionar que este “algo” debe ser lo más grande y elevado que haya dentro. No es la mente, el intelecto, o la razón. Usted no puede ser grande si no va más lejos que a sus principios y llega a su poder de razonamiento. Las razones no conocen principio ni moralidad. Su razón es como un abogado que defenderá a ambos lados. El intelecto de un ladrón planeará un asalto y asesinato tan rápidamente como el intelecto de un santo planeará una gran filantropía. El intelecto nos ayuda a ver los mejores medios y maneras de hacer lo correcto, pero el intelecto nunca nos demuestra lo correcto. El intelecto y la razón sirven al hombre egoísta para sus fines egoístas tan rápidamente como sirven al hombre generoso para sus fines generosos. Utilice al intelecto y la razón sin consideración al principio, y usted podrá ser conocido como una persona muy capaz, pero nunca será reconocido como una persona cuya vida demuestra el poder real de la grandeza. Hay demasiado entrenamiento del intelecto y poderes de razonamiento y muy poco entrenamiento de obediencia al alma. Esta es la única cosa que puede estar mal con su actitud personal; cuando fracasa y deja de ser una obediencia al Principio de Poder.

Por ir más hondo, hacia su propio centro, usted siempre puede encontrar la pura idea de lo correcto para cada relación. Para ser grande y tener poder, sólo es necesario conformar su vida a la idea pura, como la encuentra en el GRAN INTERIOR. Todo compromiso sobre este punto es efectuado a expensas de la pérdida de poder. Esto usted debe recordarlo.

Hay muchas ideas en su mente que usted ha superado y las cuales, por la fuerza del hábito, usted todavía permite que dicten acciones sobre su vida. Acabe con esto; abandone todo lo que haya superado. Hay muchas costumbres innobles -sociales y otras- que usted todavía puede seguir, aunque sepa que tienden a empequeñecerlo, desacreditarlo y mantenerlo actuando en un modo diminuto. Elévese sobre todo eso. No estoy diciendo que usted deba descartar absolutamente todos los convencionalismos, o los estándares aceptados comúnmente de lo correcto e incorrecto. Usted no puede hacer esto; pero puede aliviar a su alma de las más rigurosas restricciones que atan a la mayoría de sus pares. No entregue su tiempo y fuerza al respaldo de instituciones obsoletas, religiones, u otras; no esté ligado a principios en los cuales usted no cree. Sea libre. Usted tal vez formó algunos hábitos sensuales de la mente o el cuerpo; abandónelos. Usted todavía consiente temores desconfiados a que las cosas salgan mal, o a que las personas lo traicionen, o lo maltraten; colóquese por encima de todo eso. Usted todavía actúa egoístamente en muchas maneras y en muchas ocasiones; deje de hacerlo. Abandone todas esas reacciones y en lugar de ellas coloque las mejores acciones de las cuales pueda formar una concepción en su mente. Si usted desea progresar, y no lo está haciendo, recuerde que puede ser únicamente porque su pensamiento es mejor que su práctica. Usted debe hacer las cosas tan bien como las piensa.

Deje que sus pensamientos sean regidos por el principio, y luego viva al nivel de sus pensamientos.

Deje que su actitud en los negocios, en política, en temas vecinales, y en su propio hogar sean la expresión de los mejores pensamientos que pueda pensar. Deje que su manera hacia todos los hombres y mujeres, pequeños o grandes, y especialmente a su propio circulo familiar, siempre sea la más amable, elegante, y cortés que usted pueda ilustrar en su mente. Recuerde su punto de vista; usted es un dios en la compañía de dioses y debe conducirse a sí mismo en concordancia con esto.

Los plazos para completar la consagración son pocos y simples. Usted no puede ser regido desde abajo si va a ser grande; usted debe regir desde arriba. Por lo tanto, no puede ser gobernado por impulso físico; usted debe llevar su cuerpo a la subordinación de su mente; pero su mente, sin principio, puede guiarlo a las maneras egoístas e inmorales; usted debe poner la mente en subordinación al alma, y su alma está limitada por las fronteras de su conocimiento; usted debe colocarla en subordinación al ALMA SUPERIOR que no necesita búsqueda del entendimiento, pero que ante su ojo se extienden todas las cosas. Eso constituye la consagración.

Diga: “Rindo mi cuerpo para que sea regido por mi mente; rindo mi mente para que sea gobernada por mi alma, y rindo mi alma a la guía de Dios”.

Efectúe la consagración completa y profunda, y usted ha dado el segundo gran paso en el camino de la grandeza y poder.

Tomado de Wallace Wattles – La ciencia de estar magnífico

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