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paraisos_lejanos_clip_image001_0000Con el tiempo y el estudio, ciertas ideas de Wattles se van clarificando. Algunas, incluso, se van precisando más allá de la claridad con la que el autor las escribió, dado que muchas veces las sucesivas traducciones nos juegan una mala pasada o el uso del lenguaje que ha cambiado complica la interpretación.

Durante mucho tiempo me pregunté a mí mismo qué quiso decir WW con la idea de tener un propósito. Según él, el deseo no era suficiente para plasmar lo que queríamos, sino que debía haber un propósito detrás de él que lo hiciera finalmente posible. No lograba aclarar mi mente hasta hace cierto tiempo.

Esta es una idea que pasa desapercibida salvo cuando vemos por qué algunas cosas se nos escapan cuando era claro que venían hacia nosotros. Muchas veces ocurre que poco antes de que algo muy deseado se concrete, parece evaporarse delante nuestro. En ese momento nos llenamos de angustia y de dudas. Y no terminamos de comprender.

La idea que llamamos propósito en este contexto es la de aceptación. Es decir, concebir el deseo con su aceptación incluida. Esto, que no parece muy claro, lo resumimos como propósito.

Yo puedo desear un auto nuevo. Me lo imagino y veo la idea, veo sus características y sus prestaciones, así como le pongo un color y un tamaño. Sin embargo, y al menos para mortales comunes como yo, lo que llegará a mi no será exactamente ese auto sino un auto nuevo muy similar a ese. Es en ese punto donde la aceptación juega un lugar importante, definitorio. Si yo no acepto lo que viene, porque ya tengo impreso en la sustancia eterna que no aceptaré ninguna otra cosa o porque ya sabemos todos los involucrados que ese auto nuevo no es lo que yo deseo, entonces el cumplimiento desaparece.

Más aún, ocurre muchas veces que deseamos cosas lindas solo por desearlas, ya que sabemos que nunca llegarán. Eso nos pone a resguardo de los problemas que podrían suceder. Por ejemplo, yo desearía conducir una Ferrari. Pero si algún día llego a tener una, va a ser la cosa más incómoda para andar por la calle que podría yo imaginarme. Acabaré vendiéndola sin haberla usado prácticamente. Por lo tanto, es un deseo que no aceptaré que ocurra, es casi como un sueño que no quiero que se haga realidad. Esa negación conspira directa y llanamente contra lo que deseo y contra su materialización.

Debo desear lo que sé que aceptaré desde el vamos y sea como sea que llegue. Eso significa que el deseo incluye la propia aceptación otorgada como si fuera un cheque en blanco. No hay vuelta atrás y no hay arrepentimiento posible porque el sólo hecho de que en el futuro exista arrepentimiento significa que no ocurrirá. No olvidemos que la sustancia no tiene pasado ni futuro, no tiene tiempo, para ella todo es presente.

Por lo tanto, nuestros deseos deben provenir de una detallada y cuidadosa introspección, un examen de conciencia profundo que nos lleve a pensar cuales son aquellas cosas que deseamos y que aceptaremos inmediatamente y sin la menor duda. Y concentrar, de esta forma, nuestros deseos en solamente aquellas que cumplan con esa condición, la de la aceptación total y sin miramientos.

Hacerlo así será garantía de éxito y de una conducta reposada y madura.