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Paolo_Veronese_008Estamos educados desde la cuna para utilizar nuestra mente competitiva en lugar de la mente creativa que todos llevamos dentro, y que usamos solo cuando nos lo proponemos y hacemos un esfuerzo. La mente competitiva está asociada al instinto de supervivencia: hace lo necesario para garantizar rápidamente y sin costo para uno la solución de los problemas que enfrentamos. Es la primera solución a mano, y probablemente en la enorme mayoría de las personas, se ha ido transformando en la única respuesta disponible ante una crisis o un problema.

Si estamos escapando de alguien que quiere asesinarnos, probablemente nadie nos cuestione que robemos un auto y logremos huir de este modo. Pero si lo que queremos es salir a pasear por los alrededores, no sería bien visto robar un auto. Y no es que yo preste demasiada atención a las reglas sociales o a las leyes, es simplemente un ejemplo de que la mente competitiva suele ser la manera de reaccionar ante problemas que no sabemos como manejar.

Ese comportamiento se basa en obtener lo que queremos o deseamos quitándoselo a otros. Si quiero un ascenso, probablemente se me ocurra intentar destruir a un compañero para ganarme su puesto o algo así. Difícilmente se me ocurra cómo colaborar con él, que es mi competencia, en hacer más o mejor trabajo entre ambos.

La mente creativa parte de otro lado: presupone que en el Universo hay riqueza suficiente para todos los que merezcan aspirar a ellos. Si hay un solo cargo para el ascenso y dos que lo merecen, se abrirá otra vacante o lograrás pasar a otro departamento o a otra empresa, inclusive, donde desarrollarte. Los bienes y los recursos se crean en base a la demanda, si esta es “sana”, y el suministro de riqueza nunca se acaba porque se crea más donde sea necesaria.

Pero hemos sido criados y educados para la escasez. Entonces, no podemos imaginarnos esto. Suponemos, sin pensarlo seriamente, que no hay para todos y que solamente los más “hábiles” y pícaros que sepan imponerse y pasar sobre la multitud serán recompensados. Como los bebedores de las bodas de Canaan, nos pelearíamos por el vino antes de imaginarnos que dios puede hacer más vino para nosotros en este mismo instante. La parábola siempre me impresionó.

Según nos cuenta el Evangelio según Juan, las bodas de Canaan fueron del siguiente modo:

“Por aquel tiempo se celebraba una boda en Caná de Galilea, cerca de Nazaret, y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara el vino, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino». Jesús le responde: «Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».

Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala». Ellos se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde venía (los sirvientes, que habían sacado el agua, sí lo sabían), llama al novio y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya todos están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora».

Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus signos. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. Después bajó a Cafarnaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días. Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.” Juan 2:1-13

Es bien conocido que todas las parábolas de Jesús tenían una enseñanza concreta como resultado. ¿Cuál sería en este caso? La única que se nos ocurre a simple lectura es que Dios es capaz de hacer milagros y, por tanto, Jesús también. Parece como demasiado pobre. Yo prefiero creer que la enseñanza es que los bienes serán dados cuando sean realmente necesarios y hayamos hecho las cosas que nos lo hacen merecer.

Es bien curiosa la palabra de María: haced lo que Él os diga. Eso resume la idea, aunque un tanto elípticamente. Lo que sea necesario ocurrirá. No es necesario quitarle el vino a otra boda o conseguir dinero para comprar más. El agua se transformará en vino, cuando sea necesario.