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images (1)Y de repente, sin que medie ningún pedido ni ninguna solicitud, decidí darle una oportunidad a un joven. Le demostré que yo confiaba en él, que yo sabía que el podía dar más. Pero, por sobre todas las cosas, le demostré que no me importaba que un día antes me hubiera dicho que no creía en nada, que no había nada que el pudiera cambiar. Le demostré, con hechos contundentes como darle más responsabilidades, que yo sabía que su escepticismo era casi una postura. Una pose a la defensiva, una posición conservadora en cierto modo, que había tomado para no entusiasmarse porque, seguramente, muchas veces le habían prometido y no le habían cumplido. Cuando entendió que no me detuve en lo que decía sino que adiviné que pensaba otra cosa y confié en él, ahí comenzó a creer que se puede. Pero no creyó con las palabras o con la mente, creyó con la actitud. Cambió de actitud y me acompañó en el esfuerzo que le propuse, como debió hacerlo desde el primer día.

No siempre obtenemos lo que queremos, porque no sabemos dar lo que esperan que demos.

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