Etiquetas


thCuando algo no sale como esperamos, la primera reacción es enojarnos. Nos enojamos contra otras personas, contra el mundo, contra nosotros mismos, generalmente en ese orden. Es cierto que algunas veces puede ocurrir que el enojo esté justificado, porque seamos víctimas de una injusticia o de alguien que quiso hacernos daño. En ese caso el enojo es natural y hay que esperar que pase, que se apague solo es lo ideal.

Pero hay otros casos donde simplemente las cosas no son como esperamos. A veces, porque hemos hecho las cosas mal, y a veces porque no hay forma de hacerlas mejor. Por ejemplo, tengo una tienda y no entran suficientes personas y no vendo lo suficiente. Me enojo contra las personas que no entran, contra el gobierno que sigue una política que no favorece que mis productos se vendan, me enojo contra mí mismo que puse la tienda en lugar de haber puesto otro negocio que veo que les va mejor, y finalmente me enojo contra dios, por hacerme tan desgraciado y no mandarme ninguna buena racha.

De qué sirve tanto enojo? La respuesta es obvia, pero recién cuando uno la lee: de nada sirve. Es energía desperdiciada. Es dolor sentido, bronca, confusión y malos efectos sin ningún remedio. Piensa, analiza, evalúa, toma decisiones y mantenlas en el tiempo, con firmeza y convicción. Pero no te enojes, no sirve de nada.