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thSabemos lo que nos mueve, lo que nos genera entusiasmo, lo que nos apasiona. Y generalmente eso está en el futuro, no en el presente. Por ejemplo, nos gusta pintar o dibujar. Y nos gusta porque nos sentimos bien mientras lo hacemos y cuando vemos la obra terminada. Puede ser las dos cosas o solo una. Entonces no vemos la hora de llegar a casa de la oficina o terminar el desayuno y dedicarnos a pintar. Eso nos mueve. Nos moviliza hacia el futuro. Aunque no lo veamos, estamos siempre enganchados de un anzuelo para ir hacia adelante. Es por eso que no vemos el presente, todo es futuro para nosotros. Y tenemos infinidad de anzuelos que nos tironean todo el tiempo. Y nos parece genial cuando varios anzuelos nos tiran al mismo tiempo.

El estado superior del Tao es aquel en el cual retraemos toda esa energía puesta en el futuro, hacia el presente. Acumulamos la energía en el ahora, mediante la actitud de no ceder a mirar con ganas lo que viene. Miramos el futuro cercano con el mismo desapasionamiento con el cual vemos el presente. O al revés, deseamos el presente con la misma pasión con la que deseamos el futuro, aunque esto es más difícil. Paradójicamente, o no tanto, esta sapiencia se encuentra entre los primeros versos del Tao, pero se llega al final del recorrido.

He conocido personas que han desarrollado ese desapego. Utilizo esa palabra porque no encuentro otra. Es un ejercicio largo y complejo, pero a medida que uno lo realiza va notando como cambian las expectativas y eso hace cambiar la realidad en sí misma. Las personas que han sido capaces de llegar a vivir de ese modo, se les nota, se aprecia cuando uno está entrenado.