Las leyes del karma


Encontré en la web esta recopilación de algo llamado como las leyes del karma. Si bien esto no coincide con lo que dice Wallace Wattles, cosa que comentaremos en otro post, tiene algunos puntos en común. En todo caso, no hace daño y contribuye a un mundo mejor. Ya por eso vale la pena difundirlo.

Estas serían las 12 leyes del karma

1.- Causa y efecto: cosecharás lo que siembras.

2.- Creación: creas aquello en lo que te concentras.

3.- Humildad: acepta lo que es, deja ir lo que pasó y oriéntate a lo que será.

4.- Crecimiento: tienes que cambiarte a ti, no a los demás, para crecer.

5.- Responsabilidad: tu vida es el resultado de tus acciones.

6.- Conexión: todo está conectado y sirve para un propósito común.

7.- Enfoque: no puedes enfocarte al mismo tiempo en el bien y en el mal.

8.- Dar: la forma de tratar a los demás revela tus intenciones.

9.- Aquí y ahora: lo único que tienes es este momento.

10.- Cambiar: la vida te da las mismas lecciones hasta que aprendes de ellas.

11.- Paciencia y recompensa: las cosas buenas vienen del trabajo duro, la fe y la determinación.

12.- Importancia e inspiración: recibirás de la vida lo que pusiste en ella.

Si uno las lee con detenimiento, muchas tienen puntos en común con las ideas de Wattles. En particular las diferencias obedecen en muchos casos a que algunos principios de los expresados aquí tienen un componente moral. En las ideas de La Ciencia de Hacerse Rico ese componente moral está muy atenuado, disminuido a un mínimo. Es como si Wattles le diera un lugar a la moral limitado a las interacciones con otras personas.

 

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Cambiar para mejorar el mundo


Parece una verdad obvia pero la leemos en esas frases entrecomilladas en facebook y nunca nos detenemos a pensarla. Si quieres ver un mundo mejor, comienza por casa. Cuando la pensamos, nos asalta la diferencia de magnitud: qué puedo cambiar yo, que soy un grano de arena dentro de los siete mil millones de granos de arena?. Entonces, como nuestro cambio no va a significar nada, seguimos igual. Para qué nos vamos a complicar intentando tener una actitud y una conducta mejores si al fin y al cabo nada va a cambiar?

Este argumento “cuantitativo” o matemático es fácil de descartar con el siguiente argumento. Acaso no te interesa que tu familia viva mejor? Cuántos son ellos? Cinco? Seis?, ahí ocupas como el veinte por ciento, ya las proporciones cambian.

Entonces nuestra mente nos juega la última jugarreta: yo hago lo mejor para mi familia y mis cercanos allegados. Los defiendo con uñas y dientes. Mmmmm….. esto proviene de un razonamiento que dice que estamos en la selva y es posible tomar casi cualquier actitud, dentro de la ley y las normas, para proteger lo que amamos. Y ese es el principal error. No todo está permitido, si de lo que se trata es de hacer un mundo mejor. No todo es posible, por más que sea legal o no sea delito.

Un mundo mejor se hace con actitudes mejores, no basta con aquellas que no sean punibles por la sociedad. Actitudes mejores significan un camino que no tiene fin, que siempre puede mejorarse. Actitudes donde existen dosis importantes, cada vez más grandes, de respeto, de comprensión, de generosidad, de preocupación por el otro, de dar si esperar, de agradecimiento. Esto es un juego de más y más. Son actitudes que nacen en cero por ciento y no tienen cien por ciento. Por eso, si quieres vivir en un mundo mejor, cambia y todo empezará a cambiar, aunque no lo veas.

 

La historia de la naranja


Dyer contaba siempre la historia de la naranja, era una de las que más le gustaba. Y tiene el encanto de ser una historia simple, como todas las que son inspiradoras realmente. Consiste en preguntarse: si exprimes una naranja, qué obtienes? La respuesta es sencilla: jugo de naranja. Obviamente. Eso es así, porque la naranja tiene dentro de ella jugo de naranja.

La moraleja es directa. Sale lo que está dentro, no puede salir otra cosa. Es decir, que si en algún momento te encuentras en una situación de estrés o presionado por algo, lo que dejarás salir es lo que tienes dentro. Si sale dolor, odio, violencia, agresividad, es porque de eso estás hecho. Si quieres que en esa situación surja amor, comprensión, inocencia, perdón, amor en definitiva en cualquiera de sus formas, primero debes llenarte de eso. Debes cultivar tu espíritu y tu corazón de tal manera que crezcan esos sentimientos y desaparezcan los negativos. Sólo después de que tengas tu interior lleno de esos sentimientos positivos, ellos podrán salir en situaciones límites.

Detener el charlatán interno


Así como meditar ayuda a la paz interna y ello al cumplimiento de nuestros sueños, a veces es necesario detener nuestro charlatán interno. Es es voz que a cada momento nos habla para criticar al resto de las personas. En mi caso lo fui callando de a poco a través de las sesiones de meditación.

Es muy poco lo que se justifica que critiquemos en el resto. Solamente en el caso de personas públicas que tienen injerencia sobre el resto de nosotros. Todos los demás mortales merecen nuestra comprensión, nuestro respeto y nuestra aceptación de sus actos.

Pero nuestro charlatán interno no se detiene. Esta siempre dejando en nuestro odio críticas y desprecios ocultos y pequeños hacia todos. Y nosotros, como seres dignos de la infinita sabiduría no merecemos tener un paje de este calibre.

El miedo a envejecer


Una de las cosas que uno encuentra cuando se pone viejo, o se es viejo, y que más me llamó la atención cuando lo encontré, es la enorme cantidad de personas mayores que presumen de su salud. Amigos que van a hacerse un chequeo al médico y luego le recitan a uno los niveles de colesterol, los triglicéridos, la glucosa, y todo lo que dice el análisis. Hoy en día les llega por email, con lo cual lo tienen en el computador, en el celular, etc. Todos presumen de sus buenos valores, y casualmente omiten mencionar los que no están tan bien. Inclusive he llegado a creer que algunos me mienten, lo que no me llamaría la atención.

Es tanto y tan fuerte el culto a la juventud en esta sociedad, que se puede presumir, y no está mal visto ni mucho menos, de tener un análisis de sangre comparable al de un muchacho de veinte años. El culto a la juventud unido al temor a la muerte, y a la vejez prematura y achacosa, hacen que personas habitualmente inteligentes se pasen un buen tiempo contándole a los demás las características químicas de sus fluidos corporales.

El tiempo pasa irremediablemente. La vejez llega, más temprano que tarde. La juventud no es en sí misma un valor, ni las conductas son de por sí encomiables siempre. La calidad de una persona no se mide por la cantidad de glucemia que tenga en su sangre. Aceptar el paso del tiempo como una función de la vida que nos lleva a conocer cosas nuevas en las que jamás habíamos pensado, o nos trae pensamientos que jamás hubiéramos imaginado, es enriquecerse envejeciendo, o envejecer con altura, con imaginación y con calidad de vida.